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Contrapunto 3

En la selva
aullidos primitivos
¿serán los mismos
que oí bajo tormentas de nieve?Le debo una canción a una bala,
a un proyectil que debió esperarme en una selva.

Una ráfaga de balas borró mi realidad
y hoy dibuja un trayecto de fuego
Pólvora en las venas
en las uñas
Plata quemada
Identidad en cenizas esparcidas
volándose con el viento.

Jueves 27 de marzo, 13.50 hrs.

Zoo

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La muerte es un mono enjaulado
Esperando nos acerquemos
para arañarnos la cara
para mordernos la mano que le da de comer
para mostrarnos sus semejanzas
para reventarnos los candados en nuestras narices.

En el zoo de la vida
nos paseamos indiferentes a ese cautiverio.

La muerte
es un mono
encerrado
en una jaula.

Un espacio vacío que pronto
llenaremos con nuestros huesos.

Caravana

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Más de treinta años perdidos en el desierto.

No son poetas

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Mis verdaderos amigos no son poetas
Han leído, claro
les impresiona la cantidad de libros
en mi casa
Pero ellos no son poetas
Viven una vida común
Trabajar Comprar Pagar
Dormir Tirar Levantarse
Aunque si lo pienso bien
No sé qué hagan de distinto a ellos los poetas
Aparte de decir que escriben poemas
Nada más
Como Bukowski, de lo único que me siento seguro
es de que
La poca gente que conozco bien
no tiene nada que ver con la poesía
.

Hank, new poems

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Leo a Bukowski en una nueva publicación española, editorial Visor de Poesía, ¡Adelante! (2007) dice en su portada. Son poemas reconocidos en el título original como Come on in: New poems. Hank murió en 1994, sin embargo, en la contraportada equivocan la fecha, y dice Charles Bukowski (1920-1924). Pienso en Chinaski muriendo de 4 años, y entonces me veo tomándolo en brazos, como se haría con un niño, curándole el hipo con caricias, contestando sus tontas preguntas. El resto en la tapa está muy bien, dice: “uno de los grandes renovadores de la poesía norteamericana, redactó estos poemas poco antes de su muerte y con la exigencia de que únicamente fueran publicados después de su muerte. Fueron escritos cuando ya estaba tan próximo al budismo como cercano a la poesía de Lipo”.

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Contrapunto 2

Escribir como una vía de escape
Sin timón y en el delirio, como quería Santiago

Aguzada cuchara de un reo
cavando por su libertad

Jueves 20 de marzo, 18.17 hrs.


Las coordenadas de la razón
borradas
nombran ese nuevo horizonte
Como una posibilidad de la imaginación

18.29 hrs.

La educación sentimental
Un día nos hizo llorar

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Criminales

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Si sembraste desconfianza
ergo cosecharás por largos siglos
Sólo odio y traición,
odio y traición,
¿Qué podrá sobrevivirnos?

Sicóticos, matarifes & criminales
Gente de mirada gatillante
Invisibles inmorales de la acera
Extienden sus prontuarios de villanías
ante ojos impunes / desdibujados en las caras
¡Olor de sangre
en la escalera ancestral!, grita un agónico Yeats.

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Contrapunto 1

Escenificar la caída en precipicio
Describir uno a uno los metros
Precisando:
la consternación del rostro
la mueca pálida del elegido.

Lunes 17 de marzo. 19.55 hrs.

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Los colores de San Diego

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Llegué a San Diego con Av. Matta en un Transantiago. El motivo de mi visita es escribir, una crónica perdida hace unos años y que hoy quiero recuperar, revisando otra vez los pasajes que mi memoria también ha borrado y que no me animo a reconstruir de nuevo, sentado frente a la pantalla del computador. Camino, entonces, grabadora en mano y libreta de apuntes. No hay mayor vergüenza que caminar con la intimidación de estos objetos. El pánico escénico, me imagino, debe ser el mismo al llevar un lente o una cámara de video. Pero a las pocas cuadras, una vez vencido el miedo de ser visto o la inseguridad de un posible robo, lo inútil cobra sentido. Siempre es así. Avanzo, miro, me formo nuevas impresiones del lugar. Existe una diferencia, pienso, entre caminar por una ocupación o hacerlo por ocio; ahora es recorrer una calle que ya he visitado antes, con la intención de describirla, de encontrarla, de verme al fin en ella. ¿Hace cuántos años que vengo a San Diego? Mirando hacia atrás, incluso desde antes de nacer, que son casi treinta, veinticinco o quince años, igual que el barrio Franklin, Plaza Egaña o Irarrázaval. Odio Santiago. Hasta poco antes, siempre dije que San Diego era una calle de mierda.

*
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Postales de Puente Alto

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UNO. La corteza fue arrancada de golpe, las raíces expuestas al sol y el frío, formaron una mezcla de sangre savia, brotando, cayendo en gotas sobre las barriadas. La depresión de un lugar en extinción nos pena. Es la tos de la tristeza. Los pastillas en frascos. La histeria de los difuntos. Las colas esperando nada. Robaron a la vista su horizonte familiar. Segmentaron el territorio como se arruga un papel, se quema un libro, se hace desaparecer tu casa. Nubes de tierra. El humo de las frituras. La risa de la gente pensándose absolutamente moderna. Barrer el territorio se convirtió en un propósito. La Plaza dejó de existir. Las cortinas bajaron, cerraron los portones, mientras vasos quebrados fueron tomados por niños de pecho, con miedo en los ojos, con palabras repetidas en sordina. Las llagas, las cicatrices, los várices, las preocupaciones. En las bocas se fundó la derrota. Puente Alto, el corazón de la ciudad provinciana, no vio nunca más madera ni árboles. Fierros, sí. Barreras, sí. Líneas, sí. Acero, también. Mucho cemento. Muchos hoyos. Muchas antenas de celular. Levantamientos de urgencia. Muros de contención. Excavación profunda. Instalaciones bárbaras extendidas en el eriazo de la memoria, dibujaron una ciudad de pesadillas.

DOS. Al sonido blanco sobreponen el zumbido blanco llevando los carros de arrastre. Un blanco edificio gobierna las coordenadas del desamparo. No se puede odiar Puente Alto, sin alcanzar a amarlo. José Ángel Cuevas acusa a las multitiendas, al modelo, al gel, a las minas, a los flaites, a la derecha y la concertación de haberse tomado el paisaje. Sí. Pero yo también acuso a mi cobardía. ¿Cómo resistir tamaño atropello?, ¿cuándo acabará la rabia? Al modo de César Vallejo, sólo nos queda volver los ojos locos, y ver cómo todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada. Porque se impuso a esa multitud de gente trabajadora, parroquiana, con sus hijos de la mano, una clase media descarnada sólo por adquirir bienes materiales. Es el sumun del trabajo y los días. La zona Sur Oriente de Santiago dejó de ser de-una-sola-plomada, la cara de pueblo que algunos añoramos. El hoyo profundo de la desilusión caló nuestros corazones para siempre.
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