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Contrapunto 5

Fijar la vista en un punto muerto
dejando que la realidad se difumine
¿Qué ves?
Nada
Apenas siento el sonido
del ventilador en el PC.
Luego
Dejo caer los dedos
ejecutando una sinfonía universal.
Mis ojos reflejarán
ese blanco profundo
incandescente
por toda una eternidad.

Sábado 05 de abril, 11.58 hrs.

Harakiri

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En un círculo de llamas
el escorpión
prepara su Harakiri.

Espectro

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No cabe duda de que si no hubiera sido el pero tener que dar cuentas de lo que había pasado, efectivamente y sin problemas, habría podido quedarme en su casa. Me habría refugiado en casa de Laura el tiempo necesario que me hubiera llevado saber que todo volvía a la calma, que ya había salido invicto del pleito y las posibles pesquisas. Pero no fue así. Esa noche apenas pude discar el número (el que todavía sabía de memoria), colgando inmediatamente al oír la voz de alguien que no era la suya. Entonces desistí, evitando hacer el papelón del desesperado. Me quedó esperar con paciencia el paso de las horas, hasta que llegara el cansancio, para dormirme muy tarde, sin hacer nada, pero ocupado en vagos planes, en insalvables lagunas, en rollos nunca resueltos, en nudos, en ceguera, empeñado en hacer la hora para salir muy temprano, de alba, haciendo uso de los pasajes al sur que, con justa anticipación, teníamos comprados con Víctor: pasillo/ventana.
Y sí.
Llego a tu casa a una hora impresentable como para hacerlo solo, sin ti, tal y como muchas veces lo habíamos hecho, regados por unos tragos, risueños, abrazados en constante excitación, riendo, cada tantos metros arrebatándonos el cuerpo para besarnos, despojados, por entre las ropas abrigadas, manos y dedos, entrando camino del pasaje, de la reja y la puerta de calle, con tu llave cuidando el silencio. Yo y un pequeño pero incómodo bolso de viaje, que desconozco, acomodado en mi mano empuñada, decidido a golpear la puerta de entrada. Nada de timbre esta vez. Tu madre, despreocupada, invitándome a pasar. Como si supiera que iría y que no sería extraño aparecerme de repente, así. Como ya todos van recogiéndose a sus dormitorios, me indica me vaya al tuyo, con una naturalidad que siempre le fue ajena, dándome además absoluta libertad para que ocupe la cocina si necesito algo, un café, leche caliente, cualquier cosa. Buenas noches, que duermas bien, usted también, apaga las luces, no se preocupe. Yo buscando algún fuerte, un trago que tu padre quizás guarde por ahí, porque no tengo ganas de dormir, y sólo quiero estar tranquilo. Pienso en música, pienso en leer, si puedo. Después de todo a eso habré venido, a distraerme, de ahí la urgencia y lo imprevisto de mi visita. Entonces dejo mis pertenencias en tu pieza. Qué bien conozco cada rincón. Todo está igual, salvo algunos detalles que me detengo a mirar cerca de la ventana, en la mesita del velador. Busco ausencias, pero confirmo que casi todo lo mío, lo nuestro, permanece. Busco presencias y están todas. Sonrío. En el comedor, con un encendedor, busco en la biblioteca alguna solapa de libro que me llame la atención, pero los libros se me repiten, se prolongan alineados, como si fueran siempre el mismo: color, ancho, altura. Nada es nuevo. Evito quemarme, quiero que la luz permanezca encendida por más tiempo, pero mi mano se agota, me duelen los dedos, lo apago. Luego en la cocina, busco en la licorera el ron que robábamos a tu padre, sirvo dos medidas y me voy a la pieza. Es tarde y no llegas. No estás y yo estoy solo en tu habitación quitándome la ropa para acostarme, no para dormir, sino para capear el frío, o tal vez la soledad, el vacío.

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Cemento

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“A esta edad es cuando la vida empieza a ser una sonrisa torcida.
Y se descubre que está hecha, desde muchos años atrás, de malentendidos”.

La vida breve, J.C. Onetti

 

La cabeza reclinada, dejando entrever su agujero, una abertura derramada en un oscuro caudal, formando un delta al cruzar su frente, borboteando, lentamente desviándose hacia abajo por su agitada cara. Abarcando ojo, nariz, sien; ojo, nariz, sien, el húmedo y rojizo caldo vertido en el limpio rostro de Víctor, con la mitad de la vista mirándolos, todavía respirando. “Ya cabro, yo la llevo aquí…”. El aire contenido. Agresiva la imagen se instala sobre todo lo que pude haber pensado durante estas últimas horas. Sin querer ni resistirme, la dejo cobrar una extraña vigencia, desafiante, dispuesta a nublar lo que apenas suponía podría ocurrir. Es la voz de Luciana por teléfono entregándome los detalles, cómo fueron sucediendo los hechos, los instantes que, dejados suspendidos en el aire, después de mi huida, continuaron, siguieron aconteciendo hasta terminar en lo irrevocable de haber perdido. El fracaso de un plan que, sólo esbozado, sonaba a las mil maravillas. Desde su boca, la insistencia descriptiva consiguiendo trizar lo inmutable que parecía, hasta esta mañana, todo el tiempo construido juntos; todo lo que había sido nuestra amistad fundada con inocencia, desde una infancia que proyectándose hasta esta adultez tan grande, tan desapegada de nuestro cuerpo, como una ropa de otro, nos hacía sentir escuálidos, como impostados dentro, nadando en ella. Una adultez todavía calzándose. Víctor y yo, particularmente, tan lejanos, pero al fin distinguidos como lo que éramos, detrás del entusiasmo y las cervezas y los cigarrillos decantando en las madrugadas en que urdíamos la hazaña. Hoy sólo fragmentos de una blindada amistad. Desprendidos. Luciana en escasos segundos, entregándome las partes inconclusas de cómo su Víctor, a kilómetros de Santiago, ya estaría pagando el error, su idiotez, el capricho de un puñado de pendejos jugando al juego de las balas. Volviendo a insistir en algo que yo, torpemente e incluso intuyéndolo, no me sentía capaz de aceptar, ni mucho menos pedirle se guardara o considerara en su crudeza, en el dolor compartido que adquirían sus sentencias, lo dicho, lo que omitía o hacía aparecer a los pocos segundos. Sin saber si era una directa recriminación hacia mí o tan sólo la forma en que ella, inconscientemente, intentaba aislar sus emociones, focalizadas, al imponérmelas, atropellándome, agrediéndome, nublándome…

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Contrapunto 4

Hacen temblar con las manos
su inocencia.

Regir
sobre las conciencias
de los débiles.

Lunes 31 de marzo, 12.55 hrs.

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Tragamonedas

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En la fila de la fortuna se alistan a pulsar
el antiguo juego con la suerte
Donde perder y ganar
-en una misma medida- describen
el imposible de volverse ricos de golpe.

Una vida de tragamonedas.

Insisten en que la Plata
llamará a la Plata
El costo de vivir
en un país empobrecido
¿Por cuánto tiempo habremos
de maldecir nuestra suerte?

29 de marzo

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En minutos
la ampliación del campo de batalla nubla la vista
y nuestra mansedumbre cotidiana.
Viento blanco
Mantos de nieve
cubren los angostos campus de Siberia
Las pancartas y consignas
Luego las piedras el fuego los gritos
Sendos instrumentos represivos
trayéndose las balas –jamás de goma– a impactar
con su anuncio de truenos
el comienzo de la Masacre
Cientos de combates y batallas perdidos de antemano
El Gran Teatro del Absurdo.

Sueños detenidos en la estepa
bajo años de feroz tormenta son barridos en las calles de la
barbarie.
Calle Miguel de Cervantes con 5 de abril
Villa Francia, 1985
Conmemorando una filial desgracia
Forjada a fuego
en corazones duros como piedra
pero rojos como la Victoria.

De Siberia, Lanzallamas Libros, 2007.

Contrapunto 3

En la selva
aullidos primitivos
¿serán los mismos
que oí bajo tormentas de nieve?Le debo una canción a una bala,
a un proyectil que debió esperarme en una selva.

Una ráfaga de balas borró mi realidad
y hoy dibuja un trayecto de fuego
Pólvora en las venas
en las uñas
Plata quemada
Identidad en cenizas esparcidas
volándose con el viento.

Jueves 27 de marzo, 13.50 hrs.

Zoo

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La muerte es un mono enjaulado
Esperando nos acerquemos
para arañarnos la cara
para mordernos la mano que le da de comer
para mostrarnos sus semejanzas
para reventarnos los candados en nuestras narices.

En el zoo de la vida
nos paseamos indiferentes a ese cautiverio.

La muerte
es un mono
encerrado
en una jaula.

Un espacio vacío que pronto
llenaremos con nuestros huesos.

Caravana

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Más de treinta años perdidos en el desierto.