Stultifera Navis

Notas a la muestra gráfica de Paula Anguita

Vivimos tratando de dar una idea exacta de lo que vemos, nuestra idea de percepción esta perturbada como encuadramiento de lo ilimitado, como marco, borde, idioma impuesto al paisaje, todo esto es el resultado de nuestra continua opresión de la mirada sobre la mirada. Simone Weil en una desoladora carta escrita a una de sus amigas le pregunta ¿Cómo vemos lo que vemos si todo esta en constante movimiento? ¿Cómo deseamos lo que vemos cuando en ello vemos lo inaccesible? Este cuestionamiento es parte central de la obra La nave de los locos de Paula Anguita, la problemática del observador ya que cada imagen nos presenta una multiplicidad de relatos, las obras están intervenidas de manera que siempre hay en ellas lugares que no alcanzamos a contener, puntos que desaparecen en el desplazamiento y sus inagotables variaciones prismáticas. ¿Podremos algún dia terminar esa ausencia que no deja de empezar en cada nuevo parpadeo? ¿Tendremos la capacidad de observar tan solo por un momento lo inaccesible? Desde su ambiguo lugar fantasmatico las imágenes nos reclaman un espacio en un mundo que fluye continuamente sin roces, ni ataduras.

Ya Didi Huberman en una entrevista refiriéndose a Aby Warburg nos dice que la imagen es una mariposa ya que si realmente queremos verla primero tendremos que matarla y luego ponerla en una vitrina, una vez muerta y solo entonces, podremos contemplarla tranquilamente pero si queremos conservarla con vida, solo veremos su aletear fugazmente, muy poco tiempo, en un abrir y cerrar de ojos, eso es la imagen para Didi Huberman una mariposa ya que es algo que vive y nos muestra su capacidad de verdad en un destello; por eso el trabajo de Paula Anguita nos recuerda que lo que observamos diariamente es tan volátil, efímero que tan solo un pequeño desplazamiento es suficiente para que el futuro de un cuerpo se parta en dos y se encoja hasta volverse una piedra oscura en el fondo del mar, un mar de imágenes y en el que la idea del cuerpo(retrato) parece ser siempre una idea fugitiva, no la representación del “cuerpo significante” o sea el cuerpo sometido al orden del sentido sino un cuerpo entregado al orden de lo “real”, un cuerpo que evidencia en sus pliegues la fractura de la fabricación de identidad, una identidad que aunque la observemos en distintos niveles igualmente nos dará distintas enunciaciones, cuerpos que al mismo tiempo señalan lo que pasa a este lado y al otro de la mirada, la narración de un mundo virtual en el que el cuerpo es esa continua fuga de imágenes que tan solo hacen presente lo que ya esta ausente. Lo que al parecer mantiene la nave de los locos a flote es lo mismo que nos mantiene a nosotros, algo que no tenemos ni disponemos a voluntad eso es nuestra ambivalente relación con el pasado, es por eso que los grabados y la técnica ocupada en la realización de la obra evidencian un estado anterior, ya que la memoria no es disparada por los recuerdos sino por la continua repetición de imágenes, tal vez ahora como imágenes dialécticas sean capaz de evocar completamente lo que en su propio tiempo no se revelo y desde ese tiempo ambiguo lo que único que podemos hacer es dejar hablar a esos cuerpos monstruosos que nos interrogan sin que sus preguntas encuentren un lugar seguro en nosotros.

Víctor López.

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