Ruega por nosotros pecadores
Crónica de un feligrés hereje en La Tirana
abrir galería
Con esto me gano la vendetta de “La Chinita” o la Virgen del Carmen de La Tirana. Por hereje. Sus diablos saltimbanquis me buscarán a la salida del pueblo terroso, ruidoso y fritangoso; de casas como cajas de fósforo dispuestas en filas como dominó y árboles con espinas para torturar con mil coronas al cristo de Mel Gibson o a los cristos enchulados con lucecillas navideñas, con collares de uvas de goma para que siga la fiesta mierda con vino tinto tetra brick; con el humo de asados de carnes duras, carnes de animales viejos que se (re)junta con el humo pastabasero en las esquinas más alejadas de la plaza, en la periferia.
Para cancelar mi pecado de herejía los diablos me obligarán a arrastrarme “punta y codo” desde la entrada del pueblo hasta la capilla –que debe ser una sensación parecida al despellejo de los brazos, en esas torturas de la inquisición, en esas torturas de la DINA- para que le pida perdón a la virgen por esta mala crónica.
Después de la tortura quedaré limpio, liviano como después del sexo.
“Dios misericordioso: Al reunirnos para honrar a nuestra madre, bajo su advocación de Virgen del Carmen de La Tirana, venimos con fe y esperanza a pedirte salud y salvación” *
Los hombres somos malos, pecadores, sucios, cochinos, mal pensados y una vez al año, el 16 de julio, en Chile, en Iquique, en el Norte, nos entregamos como diablos, como lo que somos, a la chinita para que ella nos renueve en suerte, en fe y podamos vivir tranquilos por todo un año y volver, regresar (nótese el tiempo circular) al teatro Vudú de La Tirana; y por eso los hombres y mujeres ataviados con trapos colorinches, cintas amarillentas y máscaras con terminaciones de plasticina asoleada saltan y resaltan en este especial ritual masoquista, con el machaqueo del bombo y los bronces, con el redundante ritmo de la banda que ensordece, con el jugo de sobaco escurriendo por las axilas a las 2 de la tarde y con los dedos morados de frío a las 2 de la mañana. El machaqueo del bombo sigue. El vino escurre. Son cuatro días, a veces cinco, a veces más. Bombo de día, bombo de noche. 30 grados a las 2 de la tarde; 0 grado de temperatura en la madrugada. Cagados de calor o cagados de frío.
“Ruega por nosotros pecadores”, para que el Señor resucitado viva en nuestros corazones.
A las 00 horas del 16 de julio los fuegos artificiales en honor a la Virgen del Carmen, el peak de la fiesta. La leyenda de la Tirana cuenta del amor entre un conquistador español y una princesa indígena. Como en los cuentos infantiles, todas las princesas son bellas. En este caso la historia no sale de la norma. Se llamaba “Ñusta”, dominaba la pampa del tamarugal –cuando habían bosques de tamarugos, es decir en tiempos en que las mineras todavía no secaban las napas subterráneas– como una dictadora rica (en plata y cuerpo). Imagino a Jennifer López vestida con un traje sadomasoca culiando con Ben Affleck. Por eso la “Ñusta” aburrida de lo mismo, de los morenos, quedó deslumbrada con Ben. Así salvó al prisionero y quedó mal con su gente. Por amor al “Don”, la traidora de “Ñusta” se entregó a la religión de los conquistadores. Católica. Al final los indígenas mataron a “Ñusta” y su amado. La historia es conocida: los españoles al final masacraron a todos los indios del sur del Perú y norte de Chile. Los indios sobrevinientes debieron convertirse al catolicismo, de lo contrario al infierno. De esta manera la historia de “Ñusta” fue un buen método de conversión. La teleserie con algo de realismo mágico –apariciones y cosas por el estilo– lo aplicó con éxito fray Antonio Rondon, de la real orden mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, entre 1540 y 1550. La fiesta de la Tirana nació por persuasión de Rondon. Hoy, 200 mil habitantes, aproximadamente, ocupan por una semana como mínimo y un mes como máximo, el pequeño poblado –con la iglesia al medio donde la presidente Bachelet prometió un santuario nuevo– ubicado a 72 kilómetros al interior del puerto de Iquique (Bachelet es agnóstica que es lo mismo que no creer en guevadas, pero le cree a los guevones de la Concerta que es lo mismo que cree en guevadas) Mientras más gente, mejor, dice el cura Ordenes. Más gente=más plata. Gana la iglesia.
Une a todos tus hijos que te buscan, en el único pueblo de Dios que peregrina hacia la patria del cielo.
La casa de la familia Espinoza es igual al resto (mediagua con extensiones). En la casa de seis habitaciones hay 40 personas alojadas, o más. No las conté. Había una banda de bronces de Antofagasta. Todos chicos vestidos de celeste. Todos chicos sacados de película de Kusturica. Estaba la familia Espinoza con sus hijos, nietos y bisnietos. Estaban los amigos de los hijos, nietos y bisnietos –soy amigo de uno de los hijos–. Había copete: vinos, ron y cerveza. La Tirana es zona seca. Por esto: buen negocio es vender copete. Entraba y salía gente. Los vecinos eran como de la familia: Michel, julita, Maricarmen y el viejo boxeador (los vecinos). Los vecinos de los vecinos también eran como de la familia. Cabían todos. Después de los saludos: unas cervezas. Música de Chico Trujillo, Bersuit y Memphis La Blusera. Después de 6 cervezas cada uno, seguimos con Zalo Reyes y Lucho Barrios. Puro sentimiento. Compramos 2 kilos de carne y una pierna de cabrito. Duro el cabrito. La parrilla nos abrigaba afuera de la casa, mientras bebíamos ron con los vecinos y los amigos de los vecinos. El humo de la carne se confundía con el humo de la marihuana. Olor a fiesta. Olor a juerga. Estábamos cerca del límite del pueblo. Dos cuadras más allá y estaba la pampa, poblada con carpas iglús entre los espinillentos tamarugos. Más allá: autos y buses. Más allá: desierto.
El Toyota Tercel quedó estacionado detrás de los Tamarugos. Como en todos lados, en la periferia quedaron los sin casas. Desde carpas de Colo-colo a las de la U. Desde jóvenes hasta mujeres de bastante edad acampando, sufriendo la helada nocturna bajo frazadas o papeles de diario. Todo por la chinita de yeso y milagrosa. Todo por ella. Sacrificio. No importaba el frío, no importaba nada: la fe era más grande. La fe era una callampa hasta el cielo.
La fe: la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (según la Biblia)
La fe: Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia (RAE)
Emile Cioran (poeta rumano) alguna vez dijo “lástima que para llegar a Dios sea necesario pasar por la fe”
Por la fe se entiende que una mujer con sobrepeso, se arrastre por las callejuelas terrosas desde la entrada del pueblo hasta el santuario. Por Fe. La fe puede entenderse como un Decreto Fuerza Ley (DFL) de una dictadura, es decir, no pienses, hazlo. No pienses. El catolicismo en Latinoamérica fue impuesto por sangre. La mujer que parecía una esponja gemía a cada movimiento de su punta y codo milico. La tierra como silicio ¿Tan (re)cagada estaba la mujer?
-Ella no es una pobre mujer, tampoco lo vea como un espectáculo, sino que lo de ella va más allá. Debe haber sido muy grande el favor que le cumplió la Virgen. “Ella tiene fe”– me concluyó, otra mujer con cara de pocos amigos.
Que el Espíritu Santo nos guíe, y en la hora de la muerte nos reciba en la casa del Padre bondadoso. Amén
(*) Oración a la Virgen del Carmen de “La Tirana”.
Rodrigo Ramos

