Bolaño inmortal
Dossier/Fanzine

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“La inmortalidad es un estúpido invento de los vivos”, anotó Charles Bukowski en El capitán salió a comer y los marineros se tomaron el barco, en lo que terminaron siendo sus memorias, antes de apagarse a comienzos del ´94. Bolaño murió mucho después, pero creemos que la cita al viejo Hank reconoce nuestro absurdo de seguir conmemorando esta fecha: 15 de julio de 2003. La imagen se nos vuelve nítida, luego de varios días internado en el Hospital del Valle de Hebrón de Barcelona, vino lo inevitable, su insuficiencia hepática puso el punto final a unos días infatigables, siendo imposible no pensar en Enrique Lihn muriendo de cáncer, con su lápiz bic amarrado a la mano, para terminar Diario de muerte o en Gonzalo Millán comiendo sus galletas de cannabis, para concluir su insuperable y dramática bitácora, Veneno de escorpión azul. Porque un muerto termina siendo un pretexto para tantas cosas.
Su obra ha crecido como los rascacielos, su editor vacío su computador, se han publicado libros sobre sus libros, aumentaron sus amigos del alma, se filman varias películas, su nombre ya no sólo se escucha en español, sino que también en inglés, en francés, en italiano, portugués, en ruso, y podemos pensar que incluso aquellos que decían despreciarlo porque se ponía de moda, terminaron leyéndolo a escondidas.
Hoy leer 2666, El secreto del mal, La Universidad Desconocida, resulta el mejor ejemplo de esa apuesta extrema de Bolaño, la de vivir para escribir; que sería lo mismo: morir escribiendo. Una noción muy bien descrita por Carlos Droguett al decir que “el ser escritor y el ser hombre, son cosas que no son separables en este mundo, ni en otro mundo, son en términos médicos, inoperables. Se es escritor en cuanto hombre y se es hombre en cuanto escritor”, aunque a veces se confunda o se disfrace o intente inútilmente distinguirse como un motivo necesario para entrar en sus escritos. Algo que en este caso nos sentimos confirmando, y creemos capaces de desmentir como un estúpido ejercicio derivativo, aun cuando tampoco sepamos si la inmortalidad sea suya o de su obra. No tenemos respuestas, apenas aproximaciones; somos primates golpeando piedras para encender el fuego.
Así apostamos a que nuestro esfuerzo sea:
Un canto a sus cenizas esparcidas en el Mediterráneo.
Muestras inflamables que iluminen las sombras del limbo.
Un árbol rojo en llamas que nos permita ver el bosque.
Ahora, en un nuevo aniversario de su muerte, a todos quienes conformaron nuestro especial del 2005 –Bruno Montané, Javier Campos, Javier García, Chris Andrews, Enrique Lihn, Erwin Díaz, Álvaro Bisama, Roberto Contreras, Rubinimichi, Leo Ríos, Christiano, Lauzan, La Huicha, Jko– se les suman Claudia Apablaza, José Ángel Cuevas, Claudio Canales, Carlos Labbé, Alejandro Zambra, Nico Sagredo, para cerrar este nuevo fanzine que denominamos BOLAÑO INMORTAL.
No debemos estar tan perdidos.
Se escribe para existir, por temor a la muerte, para dar valor a la vida; con valentía, en el delirio, acaso porque todos somos –ya lo dijo Bolaño– unos buzos suicidas, cayendo en un lago inmenso como el ojo de Dios.
Dejemos que las llamas digan. Sea ésta nuestra temporada en el infierno.
Lanzallamas
Julio de 2008.

