Chet Baker

(Yale, diciembre de 1929/Ámsterdam, mayo de 1988)

Chet

Chet.
Las baladas y la voz de terciopelo.
My Funny Valentine
con la delicadeza de un susurro.
Suave y azul la trompeta de Chet.

Oklahoma, 1944.
Doce años.
Chet de la mano de su madre que lo lleva
a otro aburrido concurso de baladas.
El trombón regalado por su padre.

Chet. Diecisiete años.
De uniforme en el Berlín de la postguerra.
Tocando marchas en la banda del batallón 228.
Escuchando por la noches,
en la radio de onda corta,
ese música:
Dizzy, su trompeta; el jazz.

El regreso.
Chet: el rostro delicado
y ese brillo lejano en sus ojos.
Viajando.
Suave y azul la trompeta de Chet
por las noches de San Francisco.
Viajando.
Yendo de ciudad en ciudad y tocando la trompeta,
como quien busca una señal o una contraseña.

1952, Chet en Los Angeles.
La audición para tocar con Charly Parker.
Veintidós años.
Tres semanas con Bird jugando al jazz
en la penumbra del Tiffany.
Las giras, la música;
Chet jugando al juego de los juegos.
El jazz.
De Nueva York a San Francisco.
Chet y su trompeta.
Suave y azul la trompeta de Chet.

Chet aprendiendo a celebrar los ritos del ambiente.
El jazz.
El vértigo.
La droga.

1955. De Estados Unidos a Europa.
Chet y el Cool Jazz de la Costa Oeste.
La primera sobredosis
en el lavabo de una estación de servicio.
La clínica.
Las curas de desintoxicación.
La policía.
Las primeras detenciones por consumo.

1959.
La Cárcel.

Chet exiliándose en Europa.
Italia.
Dieciséis meses en la cárcel de Luca.
Alemania.
Expulsado en 1964.

Nuevamente de regreso.
Chet y su trompeta.
De regreso a los rituales del ambiente.
Los discos para Prestige.
The Chet Baker Quintet.
Nuevos intentos de desintoxicación.
Nuevos arrestos y detenciones.
Nueva York.
Chet, el historial a sus espaldas,
Malviviendo de sus escasas actuaciones.
Los Ángeles.
Más problemas.
La heroína.
Más arrestos y detenciones.
Las cuentas impagas.
La impaciencia de los vendedores.

San Francisco, 1968.
Chet pagando por su droga.
La golpiza.
Los vendedores cobrándose la cuenta.
Dándose el gusto de romperle a patadas la boca.
Chet con la mandíbula partida.
Chet sangrando por los golpes.
Chet demasiado lejos.
Chet sin su trompeta.
Chet en el lado oscuro.

Con su boca rota y sus dientes postizos.
Envejeciendo.
Solo y perdido sin su trompeta.
De empleo en empleo.
Años y años vendiendo gasolina.
Envejeciendo.
Chet, el del rostro delicado
y el brillo lejano en los ojos.
Envejeciendo.
Consumiéndose.
Apagándose.
Chet sin su trompeta.
Con el rostro convertido en una cicatriz.
Marcado por los años y las huellas de la droga.
Y en los ojos la tristeza del olvido.
Chet, el viejo Chet.
Solo y perdido.
Pero hubo regreso.
Como siempre para Chet hubo regreso.
Todo fue siempre para Chet
un viaje hacia allá lejos,
tan lejos como el brillo lejano de sus ojos,
y un regreso.
Todo viaje tiene siempre su regreso.
Aún el viaje hacia el centro del olvido.

Chet de regreso.
Chet con su trompeta.
Todavía suave.
Todavía azul.
Pero también
triste de olvido,
marcada por los años en lo oscuro.
La trompeta de Chet,
el rostro de Chet,
su voz rota,
como cicatrices.
El jazz como una cicatriz.

Y el último viaje.
El viejo Chet cayendo por la ventana.
Chet cayendo y brillándole los ojos.
Chet suave y azul.
Cayendo por la ventana del hotel.
Cayendo.
Viajando.
Chet viajando sin regreso.
Stay Little Valentine.
Stay.

Jaime Pinos.

Los Bigotes de Mustafá. Novela. Ediciones La Calabaza del Diablo. Santiago. 1997. Mención honrosa Premio Municipal de Santiago. 1998.

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