Mediterráneo

Por el ojo de Wagner

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Llamar mediterráneo a un territorio simplifica en parte la difícil tarea de sintetizar una tan diversa y, a la vez, tan familiar forma de ser. Un sentir común dado por el fundarse alrededor del agua, asumiendo los climas disímiles, casi tan radicalmente variables como los idiomas que se han generado en estas tierras: latín, griego, turco, árabe y sus infinitos dialectos, permiten comprender en parte el por qué tanta disputa por conquistar el territorio, y poseer esa preciada riqueza que acá se da a raudales.
Ingresar al museo arqueológico de Atenas, o de Estambul y percatarse de la belleza lograda por los antiguos habitantes y luego saltar desde la remota y nevada Capadocia hasta el soco de Aleppo o Damasco en Siria, es como tener el privilegio de tocar siglos y siglos de magnificencia, de la cual los propios habitantes no tienen total conciencia.
Al subir por las escalas metálicas de una iglesia paleocristiana en Goreme, el perro que me seguía enredó sus patas en los intersticios y rompió sus pesuñas, entonces el largo camino a casa estuvo marcado por hilillos de sangre, que empapaban la nieve y sin gemir me miraba asustado, pidiendo, en señal de auxilio. Algo similar acontece en estos momentos en Palestina, una mirada distante y anónima de sufrimiento del millón y medio de personas atrapadas por sus propios hermanos clamando justicia. En Beirut se respira una atmósfera enrarecida por la anarquía y el dominio militar, lo que en las calles contrasta con la limpieza del centro historio impecable, pero inhabitado.
La amabilidad de Siria y Turquía no se condicen de los antiguos exterminios ocurridos y, al parecer, mientras más al oeste me acerco el implacable peso del euro ha hipnotizado a la población que busca sobrevivir ante este fantasma implacable. Pero el día a día se pasa entre belleza, caminatas y aprendizajes, este viajar por la cuenca que desplaza Europa, África y Asia, hermana a estos seres humanos y les hace compartir un sentido común, aunque en muchas cosas no estoy de acuerdo, agradezco infinitamente la posibilidad de vivir un mes aprendiendo, como un rebalse de sabiduría, la herencia de siglos de cultura.

Alejandro Wagner
Crónica y fotografías.

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