El Tahúr de los acordes

Bob Dylan en llamasdylan1.jpg

En el Hotel de Las Mil Lágrimas Bob se escurre entre cervezas, el sempiterno cigarro acogido en sus labios y las gafas oscuras. Es 1964 y en Londres se le espera como a un viejo profeta. Lo cual no es del todo equivocado: Él trae las buenas nuevas. En medio de una multitud extasiada y de una oscuridad completa y desoladora, irradiado sólo por un débil y pequeño haz de luz, Él y su guitarra, parado en el infierno vomitando los versos sencillos que, como las balas más devastadoras, las cuales no han sido todavía disparadas, se van quedando en la memoria, de aquellos que olvidando todo un protocolo de joyas, teatro y ópera real, ya aplauden enardecidos en los palcos.

Son tiempos de rebelión en estroboscopio.
De elegir entre dos dedos extendidos y el pelo largo o el cigarrillo corto y humeante colgando de las comisuras, bamboleado por el masticar del chicle, las chaquetas de cuero y los mocasines.
De los primeros, son los más, los que llaman al profeta Bob: traicionero. El dejar de lado las baladas folk y el sonido adormecedor de la armónica por el estridente e incompresible rock de las guitarras enchufadas es una decisión inaceptable.

Parecía más conmovedor, el joven Zimmerman, cantando en los campos de algodón, rodeado de recolectores negros recién bajados del camión, tarareando suaves melodías con esa carrasposa voz, cual sonido de las sierras talando bosques espesos, que extrañamente se mezclaba como el bourbon y el tabaco en el paladar, con esos compases sencillos de rebelde rasgueo.

Parecía más conmovedor, el pequeño Robert Allen, con su pequeña banda universitaria, escudado por las sedientas sombras de poetas como Dylan Thomas.

Pero la sangre tira, sobre todo en tiempos en que si no nadas, te hundes como una piedra.
Los tiempos cambian.

Y no son sólo los Velvet, en escandalosa complicidad con el albino y sospechoso Andy, los que se dedican a provocar a los hippies y a vomitar flores desdeñando su revolución entre sabanas.
No sólo los punkies de la corona, eran capaces de escupir el suelo y acusar en medio de alaridos y cítricas morisquetas, lo absurdo del sistema.

Antes que ellos se abría paso Bob, el sabio.
El tarotista desgreñado, el ocultista. El mariachi revolucionario que con su cinturón de balas y su sombrero de ala ancha, va vagando por los pueblos dejando preguntas tras cada estrofa.
El maquinista solitario.
El tahúr de los acordes.

Desde el Greenwich Village a Duluth, Minnesota con Rimbaud y Keats en las pupilas, todos ruedan como avalancha de rocas. El gobierno encarcela a los maridos de las divas folk por huelguistas, acusan de homicidio a los púgiles de color.
Los vaqueros estrellan sus motocicletas y guardan silencio, esperando, como los árboles, que la piel se seque y empiece a hablar por sí sola.
La máquina, se dice, es voraz y no demora.
La bestia, como la llaman los de largas trenzas y flores en el pelo: el sistema.

Pero la protesta es sabia y sabe abrirse caminos, sabe, sin lugar a dudas, hacerse oír.
Como los jóvenes de Mayo del 68, la canción se hace mordaz y certera, se hace espina en el zapato. Y con el tiempo, hasta el vaticano le daría la razón.

Pero luego en los bares, los hombres de cincuenta y tanto, con un rostro inusual y sin despegarse del parlante, advertirán con los ojos iluminados que: “Esa era nuestra juventud” y dando otro pequeño sorbo a un amargo café, se desconectarán otra vez para quedarse un rato más en aquella época de corbatas delgadas y gomina en blanco y negro.

Como si los tiempos nunca hubieran cambiado.
Como si la buena nueva aún estuviera soplando en el viento.

Bob Dylan - Times They Are A Changing

Come gather round people wherever you roam
And admit that the waters around you have grown
And accept it that soon you’ll be drenched to the bone
If your time to you is worth saving
Then you’d better start swimming or you’ll sink like a stone
For the times, they are a changing

Come writers and critics who prophesize with your pens
And keep your eyes open, the chance won’t come again
And don’t speak too soon, the wheel’s still in spin
And there’s no telling who that it’s naming
Oh the loser will be later to win
For the times, they are a changing

Come senators, congressmen, please head the call
Don’t stand in the doorway, don’t block up the hall
For he that gets hurt will be her that has stalled
The battle outside ragging will soon shake your windows
And rattle your hall
For the times, they are a changing

Come mothers and fathers all over this land
And don’t criticize what you can’t understand
Your sons and your daughter are beyond your command
Your old role is rapidly aging
Please get out of the new one if you can’t lend a hand
For the times they are a changing

The line, it is drawn, the curse, it is cast
The slow one will later be fast
And the present now will soon be the past
The order is rapidly fading
The first one now will later be last
For the times, they are a changing.

Bob Dylan – Los tiempos están cambiando

Vengan a reunirse, gente, donde sea que vagabundeen
Y admitan que las aguas alrededor han crecido
Y acepten que pronto estarán empapados hasta los huesos
Si su tiempo vale la pena ser salvado
Entonces mejor empiecen a nadar o se hundirán como una piedra
Porque los tiempos, están cambiando

Vengan escritores y críticos que profetizan con sus plumas
Y mantengan sus ojos abiertos, la oportunidad no vendrá de nuevo
Y no hablen muy pronto quela rueda sigue girando
Y no hay que decirle a nadie a quien está nombrando
El que pierde ahora ganará más tarde
Porque los tiempos, están cambiando

Vengan senadores, congresistas, por favor escuchen el llamado
No se paren en la puerta, no bloqueen el salón
Porque aquel que resulte herido será el que estuvo obstruyendo
La batalla afuera burlándose
Pronto agitará sus ventanas y golpeará sus salones
Porque los tiempos, están cambiando

Vengan madres y padres a lo largo de esta tierra
Y no critiquen lo que no pueden entender
Sus hijos e hijas están más allá de su mando
Su antiguo rol esta rápidamente envejeciendo
Por favor háganse a un lado si no pueden dar una mano
Porque los tiempos, están cambiando

La línea está pintada, la maldición está echada
El más lento ahora más tarde será el rápido
Y el presente pronto será el pasado
El orden se está desvaneciendo rápidamente
El que primero llega ahora más tarde será el último
Porque los tiempos, están cambiando.

Texto y traducción de Carlos Soto Román


volver
lanzallamas libros