Ejercicios de enlace / Alto Volta

Dos reseñas de Víctor López
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Didi-Hubermas en una entrevista reciente al referirse a Aby Warburg sugiere que la imagen es una mariposa. Él dice que si quisiéramos verla tendríamos que matarla y luego colocarla en una vitrina y es así muerta que conseguiríamos contemplarla tranquilamente, pero si quisiéramos conservarla con vida sólo lograríamos verla un pequeño instante, un aleteo fugaz, en un abrir y cerrar de ojos. Esto para Didi-Hubermas es una imagen viviente, una imagen de la vida, que es capaz de mostrar su capacidad de verdad en un ápice de tiempo, un instante.
En su libro Ejercicios de enlace David Bustos pareciera hacernos una importante pregunta con respecto a la comprensión de la historia y su transmisión. ¿Que es hoy en día la palabra “historia”, una imagen que se ha detenido para que podamos contemplarla sin vida, una imagen muerta, una imagen ausente de su propio significado y contenido?
En Ejercicios de enlace siempre hay una voz anterior, una voz que nos habla de un pasado, de un pasado que todavía no termina, que se hace presente a cada minuto, el texto mismo es un tejido de citas, de signos que hacen referencia a que la historia es un proceso que no puede ser archivado si anteriormente no es comprendida en su totalidad. Un libro compuesto con un lenguaje que ha sido fracturado sintácticamente y sonoramente no sólo para imitar los oscuros sonidos de una época, un lenguaje roto, herido, pero que también revela que no siempre fue así y en eso radica la capacidad de verdad del texto en poner en crisis el revisionismo histórico y poético al plantear la multiplicidad de voces que crean las identidades y alteridades respectivas en las que se desarrollan estos ejercicios. La multiplicidad es un dispositivo híbrido que se construye especularmente en la simulación. Para Deleuze los dispositivos foucaultianos son un conjunto multilineal que siguen diferentes direcciones, por eso el lenguaje de Bustos está fracturado y cada línea está sometida a diferentes cursos, para tensar la posición de los sujetos y sus discursos en la pregunta que se desarrolla en el texto ¿será o no posible narrar la historia reciente del país a través de la voz de los poetas, a través de un lenguaje oprimido que todavía no es capaz de hacerse cargo teóricamente de la herida y el duelo?
Para Hejinian lo “personal” es ya una condición de lo plural: “uno puede mirarse y ya no es uno mismo, uno es un vacío, algo incompleto, con una voz en sujeción a la dispersión” por eso la escritura de Bustos imita un gesto que es siempre anterior, nunca original, un gesto de otros y por los otros. La alienación del sujeto es desplazada por la fragmentación de este último y por la muerte de su espacio corporal.
Con Ejercicios de enlace asistimos al fin del sujeto y la experiencia individual, al fin de una forma de escritura absoluta en pos de un proyecto colectivo.
En el libro de Bustos no importa quién es el que está hablando, ni de quién es este verso o esta línea. Quizás haya llegado el momento de reconsiderar el papel del “sujeto” en la poesía lírica contemporánea, la relación entre el organismo y la identidad.
Desde otro punto de vista Yanko González, a diferencia de David Bustos, en su reciente Alto Volta desarrolla la experiencia de la identidad dentro de otros límites, la poesía de Yanko es una poesía de la frontera, un lenguaje fronterizo; ya desde Germán Carrasco podíamos ver que la poesía entraba en una de sus últimas fases, tal vez la más importante, la que se refiere a la globalización en el que todo texto puede ser traducido y retraducido sin importar el lugar de origen o el lugar de destino, ya que el funcionamiento igual se logra: la poesía vista como un local nocturno de Karaoke o Fast Food. Pero lo que no logró cristalizar Carrasco fue la problemática de ese traslado. ¿Qué sucede si yo traslado el espacio escritural por ejemplo de John Ashberry o del grupo Noigrandes a Chile, qué se pierde en ese recorrido, qué referentes sociales, culturales y políticos se ponen en juego, ya que el lenguaje y la lengua como bien sabemos también es otra forma de dominación?
En Alto Volta gran parte de ese trabajo se desarrolla en la problematizacion de la “identidad” como instancia y construcción discursiva. Ya que los discursos construyen “realidades” pero también validan intelectualmente la creación de identidades y demarcan las fronteras con el OTRO, el diferente, el que se ubica fuera de los límites del discurso. Por eso el trabajo de Yanko es un trabajo político muy interesante, ya que asume el lenguaje fronterizo que integra de una manera antropológica a los que están fuera de los discursos y no los utiliza panfletariamente para dar una idea de realidad, sino que demarca las construcciones imaginarias que ocupan ciertas clases particulares al definir su identidad, en el sentido que Benedict Anderson la daba a la comunidad imaginada como construcción discursiva que otorga sentido y se encuadra en el régimen de lo imaginario. Entonces hablar en Alto Volta de una poesía chilena, sería hablar de un mito, de algo que realmente no existe, por eso Yanko recurre a otro lenguaje:
Yo jugaba a lo que en alto volta se jugaba/ por ejemplo la silla se llama lavabo/ la puerta sardina/ la mesa vajilla y los zapatos cadira/ entonces los niños gritaban amarillo ábrenos la sardina.
Alto Volta es un espacio socio-cultural, un territorio que se define como LUGAR en el que sus límites y fronteras están en todas partes, el lenguaje de Alto Volta no es el escolarizado, el lenguaje laico, el lenguaje que impone el Estado-Nación sino el lenguaje de las redes. Alto Volta podría ser una población en Valdivia, una ciudad latinoamericana, un país, o simplemente un espacio en Internet la red de redes, en el que el lenguaje es un virus con alta capacidad profanatoria, un lenguaje fronterizo, hecho de ruinas, de fragmentos, para Benjamín las ruinas representaban la historia como proceso irreversible de disolución y decadencia con un distanciamiento progresivo respecto del origen. La poesía de Yanko es ese distanciamento y devenir.
Dos libros necesarios, que vienen a abrir un espacio de debate importante en el presente y en el futuro de la poesía actual, dos libros como diría Hocquard que más que con literatura tienen que ver con el pensamiento.

Victor López.

Foto: McGun

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