El hombre de la solapa como un flâneur
Prosa poética de Hidalgo en Radiografías de Santiago

1
El hombre de la solapa
camina asido de su sobretodo
afirma sus pasos en un presente ambiguo
un tiempo verbal infinitamente infinitivo
cada esquina le parece otra
confunde San Pablo con Rivadavia
Patronato con Mercadillo
las luces del Forestal con algún ángulo del Parque Lezama
el olor de Franklin con Plaza Bolognesi.
No tiene ciudad.
Todas son y ninguna lo es.
Vino a dar aquí, eso es todo.
Goza peruano, llora chileno, ríe argentino.
Tiene que inventarse raíces a diario.
Y más encima
Santiago lo combate
como si uno más de sus hijos
FUERA!Lee a los viejos
y no entiende qué es lo que lamentan
dónde está eso que los milicos desaparecieron
dónde estuvo
quién lo vivió
qué testimonios hay que no sean sólo papel y recuerdos
- el papel aguanta todo
la memoria…
la memoria es un trámite
un gambito de caballo
en el plano ajedrezado de la ciudad
el damero de Santiago y su peculiar horizonte
un zigzag de electrocardiograma
la línea
quebrada como los recuerdos.
La memoria como un ejercicio de adoctrinamiento:
los referentes que te inculcan siendo niño.2
De qué nostalgia le hablan a este hombre,
¿del patético evocar de los exiliados
del recorrido de la Matadero-Palma?
Jaque Mate, Plaza Italia
siempre ha sido un nido de tuertos.
La añoranza del pasado bohemio:
una fatamorgana de neoprén
un delirio más en este tráfico desierto.Santiago, tantos cantos
tanto edificio al pedo del par-lamento.El hombre de la solapa
ha dormido en sus cementerios
en sus centros de reclusión ocultos
en sus calles, en sus pavimentos
en las que fueron sus casas de detención y tortura.
No le viene
NADIE,
con que no le conoce el aliento.Y sabe,
por eso mismo,
que Santiago sólo es Santiago
cuando llueve y se desborda el río,
cuando retoma su cauce natural,
como un leproso vivo al fin entre los vivos,
y se llena de mierda y muertos
y se mira el rostro
en el rostro de los miserables
que terminan pidiendo frazadas húmedas
al Hogar de Cristo.Porque cuando es septiembre y corre viento
Santiago es cualquier cosa menos Santiago.
Y en cualquier ciudad se puede
beber chicha, elevar volantines,
llorar a mares los mártires y caídos
y soportar el detritus del recuerdo.3
Los hombres de las solapas
caminan por el Centro de Santiago
invisibles para vendedores y delincuentes
sosteniéndose del abrigo en sus existencias
en vasos de vino y amigos
de los que después no conservan fotografías,
apenas, acaso, alguna palabra
casi siempre recibida como un golpe bajo,
justo cuando sin saberlo,
más se lo necesitaba.Vete de aquí
le dicen.
Vuelve a los lugares donde te has sentido vivo.
Y el hombre levanta la solapa de su abrigo
y suspira, triste, lleno de miedo,
reconociendo que todo está
demasiado retorcido,
y que lo más probable
es que vuelva
a cometer una y otra vez
el mismo delito.4
Pero yo intento
con todas mis fuerzas querer a esta ciudad
con sus semáforos y edificios.La he abrazado dormido
y he llorado la desaparición paulatina
de sus rincones para las caricias
y también he visto
cómo mis amigos reinventan
en agujeros sucios
nuevos rincones para las caricias.¿Debo hablar de los recovecos para capear el viento
en la noche de la caprichosa mole de la Villa Portales?
¿de la feroz muerte de Juan Diablo una vez demolido
el terminal de buses Norte, frente a la cárcel, donde tenía su casa?
¿de la belleza de Plaza Huemul, a pasos de donde vivieran,
modestamente, Carlos Droguet y la mismísima Gabriela Mistral?
¿de los héroes de Cerro Navia y Peñalolén, resistiendo las balas
que caían desde los helicópteros de la dictadura?
¿del largo etcétera?
No, ¿no es cierto?
No es necesario.Y sin embargo no hay caso.
La cambian, la combaten, la destruyen
te la hacen invivible
y uno la sobrevive a patadas
y apenas puede,
va a Las Tejas, al Olímpico, al Wonder Bar,
o se pliega a una marcha por la Alameda…
Mentira:
ya ni eso.
Apenas se detiene a ver a los cabros chicos en la plaza del roto chileno
en los pocos barrios que van quedando
y eso basta.
Porque si por último
desaparecieran esas plazas
desaparecieran del todo los barrios
y se levantaran más y más edificios
y en lugar de muchachos que rompen vidrios
jugando a la pelota
hubiera muchachos mirando zapatillas
en centros comerciales
entonces
igual sobreviviríamos
como, por lo demás, lo haremos
a patadas
maldicientes
y disfrutando el primer agujero infecto que se abra
en el aséptico modelo
tan impuesto por el imperio
como adoptado por esta provincia.
No importa:
siempre va a haber dónde ahogar el güergüero.
El resto es nostalgia.
No me digan que no la quiero.Y por último,
me enamoro tan fácilmente
de Valparaíso, de Concepción, de Iquique
de Buenos Aires, Cuzco, Sucre,
que olvido que cuando muera
lo más probable es que mis restos
sirvan a los gusanos de Av. La Paz
por condición socioeconómica
por normalidad del ejercicio
por desidia
por fatiga
porque en definitiva me da realmente lo mismo.5
Santiago.
Hacerle una radiografía a esta ciudad:
una metáfora imposible.
Sus huesos han padecido
más que descalcificación severa
osteoporosis o cualquier otra patología.
Se los comieron los perros
los enterraron y desenterraron hasta perder el olfato
y no hay mapa.
Santa Rosa se llamaba calle de las matadas
porque allí se arrojaban en la colonia
a los muertos no identificados
antes de que existiera el cementerio.
Los muertos identificables se enterraban
en las propias casas de los familiares.
Los únicos que entonces tenían casa
y constituían familia.
Los mismos de ahora, todavía.
Los dueños del y la Capital.Para qué hablar de los muertos recientes
su rastro de osamentas bajo cada baldosa del pavimento
entre las piedras del río de mierda
para qué.No hay mapa que resista
tanto borroneo y cataclismo.Una cartografía para Santiago,
caballero, señorita,
por caridad
un mapita para marcar un punto y encontrarnos.
Micros, ratas, basura, mendigos, delincuentes,
orines, palomas, ambulantes,
rejas,
rejas y más rejas por doquier,
confusas señaléticas,
monumentos incomprensibles,
ampolletas de regalo,
avisos publicitarios
más y más avisos publicitarios por doquier,
caballero, señorita…Y del paradero 73 para acá ni qué más decir.
Santiago ya nunca fue el mismo
Porque ni Chile ni el mundo fue ya más el mismo.
Una radiografía debería apenas mostrar lo que nos queda
- ampolletas de regalo pa’l pobrerío
Un enorme espacio vacío.
Todo por hacer.
Y muy poco con qué hacerlo.Rodrigo Hidalgo.
* Lectura realizada el viernes 31 de agosto, en Centro Cultural Manuel Rojas. Cuyo título original es: “El hombre de la solapa camina por Santiago”. (N. E.)

