Palestina en llamas
Crónica de Ana María Espinoza, Guardia de Paz

Mi nombre es Ana María Espinoza, nací en Chile donde nacieron mis dos hijos, debido a la persecución política luego del golpe de estado de Pinochet, nos vimos obligados (mi marido, nuestros hijos y yo) a salir del país, llegamos a Dinamarca como refugiados políticos y trabajamos desde aquí apoyando la resistencia en Chile y solidarizándonos con las luchas latinoamericanas.
Quizá debido a mi conciencia política, quizá reconociendo la importancia de la solidaridad internacional que recibimos, quizá por mi opinión de que la problemática internacional de los refugiados, es un problema creado por la forma en que se enfocan las soluciones políticas y asumiendo que tenemos una responsabilidad vital con nosotros mismos y con los que nos rodean, decidí viajar a Palestina por primera vez en Septiembre del año 2005.
Son varias las organizaciones humanitarias, políticas, N.G.O. etc. Que tienen presencia en Palestina, me puse en contacto con la que me sentí más identificada, y partí durante un periodo de vacaciones por un mes, usando ese periodo como guardia de Paz.
El Año 1948, por decreto de las Naciones Unidas, se le entregó el 52 % del territorio Palestino a la comunidad Judía para crear el estado de Israel.
Como es de suponer, esta decisión fue considerada desde el principio injusta por los países vecinos y por los propios palestinos que vivían allí. Pero no fueron escuchados. Fueron derrotados por los israelíes en su intento de recuperar algo de su territorio.
Han pasado los años, Israel continúa anexando territorio palestino ante el silencio cómplice de Estados Unidos (siempre aliado de Israel) y el resto de la comunidad internacional.
Hoy, los palestinos viven en sólo el 22% de lo que fue su territorio, Israel continúa construyendo la muralla del apartheid en territorio palestino y hace continuas incursiones a lo que se considera territorio palestino, Gaza y Cisjordania. Cisjordania.
Israel tiene los dos tercios de las reservas de agua en su territorio y el control del toda el agua, se le vende a los palestinos 3 veces más cara que el precio al que la consumen los israelíes.
Palestina no tiene control de sus fronteras, sus puertos y aeropuertos fueron destruidos por las fuerzas invasoras.
En Palestina hay más de 600 chekpoints israelitas, torres de observación, obstrucción de caminos etc.
Israel sigue construyendo asentamientos, aunque estos han sido decretados ilegales por las Naciones Unidas, los palestinos no pueden usar las carreteras o caminos vecinos a estos asentamientos.
Hoy viven alrededor de 3.000.000 de palestinos en el exilio. El gobierno israelí se niega a discutir este tema, atropellando de esta forma uno de los derechos humanos básicos, el derecho a vivir en su patria.
Hay en las cárceles israelíes más de 9.000 presos políticos, hoy se les han agregado más de 40 ministros de Hamás que fueron elegidos democráticamente, en elecciones con cientos de observadores internacionales.
Israel nunca ha reconocido a Palestina como un estado.
Las tareas que realizamos como Guardias de Paz son, a grandes rasgos: acompañar a niños palestinos hacia y desde la escuela, se evita de este modo, aunque no siempre, que estos niños sean agredidos verbal y físicamente por colonos.
Esto ocurre en ciudades de Cisjordania como Hebrón por ejemplo, allí fue invadido el centro antiguo y bloqueado por chekspoints, allí no puede entrar ni salir nadie sin la revisión humillante de los soldados.
Allí no pueden circular vehículos palestinos, tampoco ambulancias, carros contra incendios o de otros servicios.
Todos sus comercios fueron clausurados y se han mantenido así por años.
Crecen alrededor, 3 asentamientos de judíos ortodoxos sumamente agresivos, que reciben apoyo de 4000 soldados (los asentados son algo menos de 400).
Otra tarea es estar presente en los chekspoint. Averiguar porque son cerrados en forma arbitraria impidiendo el paso de los palestinos a sus estudios, hospitales, puestos de trabajo, vehículos con mercancías, mujeres parturientas, etc. Ser testigo o tratar de evitar detenciones y castigos o torturas por parte de los soldados israelíes.
Reportear a organizaciones de derechos humanos, los atropellos a que son sometidos los palestinos.
Ser testigo y reportar cuando se producen invasiones de casas o destrucción de propiedades palestinas.
Los soldados israelíes acostumbran invadir propiedades que queden en lugares altos, desde allí pueden observar los movimientos de la población palestina y liquidar a cualquier sospechoso, nuestra tarea es asistir a los propietarios de la casa, que generalmente se encuentran recluidos en sólo una habitación, sin agua, comida, medicinas, por horas o días. Esto por supuesto sólo si los soldados lo permitan. Personalmente no he experimentado nunca que nos otorgaran permiso.
Los palestinos no tienen derecho a construirlo hacer ampliaciones en sus casas, tienen que pedir autorización a la autoridad israelí, que no lo otorga. Si de todas maneras se atreven a hacerlo, sus hogares son destruidos.
Otra actividad que realizamos, es acompañar a palestinos que luchan, en manifestaciones pacíficas contra la construcción de la muralla. De defensa la llaman los israelíes, si esa muralla fuera construida en los límites dados por naciones unidas mediría 320 kms. de largo.
La construcción de la muralla, de 8 metros de alto tendrá mas de 600 kms de largo y divide a su paso el territorio palestino en pequeños fragmentos que hacen imposible la idea de una unidad territorial, indispensable como identidad nacional.
Estas son las tareas que realizamos a pesar de los impedimentos que encontramos a diario, vivir en Palestina es un acto de desobediencia civil, los palestinos y los que simpatizan con su causa, estamos allí en contra de lo que se han propuesto las fuerzas invasoras, esto nos cuesta una realidad caótica, en que no somos dueños de nuestro presente, no se puede planificar ni siquiera la hora que viene, todo está expuesto a la actuación de las fuerzas invasoras, nos cuesta detenciones en los chekpoints, en las calles, atropellos físicos, detenciones en recintos policiales y militares, cárcel y a nosotros internacionalistas, nos cuesta la expulsión del país.
Como extranjeros tenemos bajo la autoridad israelí, los mismos derechos que los israelíes, cuando nos dejan entrar.
Por ejemplo si detienen a un palestino, lo pueden hacer por 72 horas sin necesidad de presentarlo ante un juez, esas 72 horas son prorrogables, por más días, meses y hasta años, como extranjera a mí sólo me pueden detener 48 horas. Todo funciona así, con un doble juego de reglas que marcan seriamente al estado israelí como un estado apartheid y que atropella la legalidad y las convenciones internacionales.
Los palestinos luchan por una patria digna, desean vivir en paz con sus hijos, sus familiares.
Exigen de Israel el respeto a las leyes internacionales que han declarado ilegal la construcción del muro divisorio.
Que Israel reconozca sus fronteras fijadas por las Naciones Unidas y que les sede el 52% del territorio palestino.
Que Israel reconozca a Palestina como estado independiente.
Exigen la administración soberana de sus fronteras y recursos naturales.
Que se permita a los refugiados que lo deseen, regresar a su patria.
Exigen la libertad de los presos políticos que se encuentran en las cárceles israelíes.
Exigen la salida de los terrenos ocupados y el desmantelamiento de los asentamientos.
No es necesario ser terrorista para darse cuenta de los justo de las exigencias palestinas y como ciudadanos demócratas, que respetamos las leyes internacionales, no podemos seguir permitiendo que se le otorgue a Israel un trato tan preferencial en desmedro de los derechos de otro pueblo.
En Marzo de este año me entrevisté con el ministro de información palestino en el chekpoint de Kalandia a la entrada de Ramallah, Sr. Barguti.
“Algún día Palestina será libre como es Chile hoy, déle mi saludo a su pueblo y mi agradecimiento por su solidaridad.”
Ana María Espinoza

