Santa Rosa 57

Selección poética + comentario de P. Espinosa.
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Extractos del Prólogo a Santa Rosa 57.
Por Patricia Espinosa.

Santa Rosa 57, es una dirección donde se ubica la Mutual de Jubilados de Endesa. Santa Rosa 57 es, además, el lugar donde se instala un grupo de poetas. Y, principalmente, Santa Rosa 57 es una antología, un conjunto de textos líricos de diez autores nacionales nacidos entre 1949 y 1985 marcados por una aparente diversidad; y digo aparente, porque por lo general la poesía de hoy tiende a proponer multiplicidad de formatos y temáticas. Santa Rosa 57 constituye un caso particular ya que sí es posible advertir puntos de cruce entre las diversas propuestas líricas.
(…)
Santa Rosa 57 es, en general, un volumen poético que se aleja de la artificiosidad; por el contrario, revela un trabajo calmo, dedicado, antiefectista o “antifashions”, podríamos señalar aludiendo a mucha poesía “a la fuerza” experimental que anda por allí. Remarco en este libro la intención de trabajar los textos como una artesanía, con dedicación, cuidado y rigor. Santa Rosa 57 se lee con parsimonia, pero que va generando una atmósfera de tensión que oscila entre la calma y la rabia articulando una estética ideológicamente no complaciente con el existir ni con la memoria mitificadora ni con la represión, por más cotidiana que ésta sea.

Selección de poemas Santa Rosa 57
Ángel Valdebenito Verdugo,
Freire 1978.

Doméstico

Se ha escrito mucho acerca de mis costumbres más convencionales (saludar con un sinuoso movimiento del brazo derecho y un bramido corto, encoger el cuerpo hasta el límite en señal de descontento, etc.), ocultando en cambio aquellas menos respetuosas de la tradición protocolar de nuestra especie. De ahí el silencio ante mi afición por la estrategia bélica.

En las escuelas, los dibujos me representan como un ser sumiso y amigable, apenas corrompido por un inextinguible apetito. A espaldas de aquello está lo más honesto de mi vida: colecciones de carros de combate, libros sobre armamento, mapas colgando en el taller, réplicas de los soldados de terracota y otros tantos artículos comprados, hechos y recogidos durante años. En tanto, el gesto de mi mano frente al espejo ya no es rígido ni solemne, aletargado por el sopor de las multitudes, no alcanza para emular a los vigorosos generales cuyas historias tanto me apasionan.

Recuerdo un día de infancia con sonido de tambores tras el corral. Llegaban a mí las severas voces de un ejército cuyos triunfos más tarde conocería. Territorios conquistados con esfuerzo y numerosas bajas; nuevas regiones y riquezas para las manos abiertas de la nación que hoy impone la pasividad por decreto, el protocolo, la opacidad de las voces; capitulación ante una civilidad absurda. El humo de la conciliación satura las ciudades con su desprecio por la tropa. Así, proscrita cada criatura que honre las armas, nada queda más que callar ante las gentes, esperando la noche para vestir uniforme frente al espejo y ensayar posiciones en una estrecha habitación, con diminutos batallones esparcidos por el piso.

Pendencia

Ese ruido de fondo
que escuchas
es mi familia.

Colgados de pies,
la rodela va moldeando sus palabras.

Ya no más hijo,
pan,
portón de fierro.

Ya no más catre,
madrugada,
agua o cortina.

Ahora, la paz del duelo sea con nosotros.
Remedio para el hastío será el llanto
en pendencia derramado.

Pero no olvidar el brillo en los rodamientos,
para que el aire de mi familia
siga avanzando sin pronóstico.

Varios

Violencia es el crecimiento interior de las criaturas.

* * *

Agonía no es otra cosa
que el aleteo resignado
de un insecto
engullendo de una vez
la vida
que le queda por delante.

* * *

Solcito enterrado a medias.
Intemperie.

* * *

Las tazas,
con restos de té
sobre la mesa de madera,
aún no han sido alcanzadas por el sol del mediodía.

* * *

Te han dado las paredes,
es cierto,
ahora trae a ellas tierra firme.

* * *

Ernesto González Barnert
Temuco 1978

Unas trufas indiferentes al hambre del cerdo
o pobre,
escribe.

-No te preocupe el cómo
ni el qué escarba-.

No papa. No bellotas que roen ardillas.

Textos, es decir, bolas que no ruedan,
frutos en el tiempo del hambre.

– No te pienses
otra cosa que no sabe a tierra y frío,
al agua oscura
que sorben las raíces y los topos
.

Sé una común y silvestre trufa

que supo del polvo y el gusano
en carne propia, la apatía para con el que busca
con uñas y sudor la subsistencia -.

Púdrete si nadie te traga.

Alguien te dibuja con los ojos cerrados
y no teme
propasarse en algún trazo,
equivocar el ejercicio de sentar la belleza.
Raya de quien insiste
desde la propia inclinación
arrebatado de luz
-fosforece el misterio-.

Alguien te dibuja con ojos cerrados
y esboza su ceguera.

Óseo

Se escribe con el puño cerrado.

Frotando en tinta los nudillos
hasta perder la sensibilidad.

Se frota cada juntura con las mismas dudas,
con esta misma desazón
que no descarno y desgasta.

Porfía que me viene del abismo
de lo que no sale
y tara.

Se escribe con el puño cerrado.

Nervio y sangre una costra que no me permito
y hundo al hueso.

Carlos Cardani Parra
Santiago 1985

Génesis

Todo lo que usted ve nace
En el corazón de Valdivia
En la boca de Lautaro

No necesito de ovejas para dormir
Solo me dejo llevar
Por el número de sentadillas
Que escucho desde lejos

Sin voces

Sé que mi comandante piensa
Cada uno podría ser un revolucionario
Que con tan solo una voz subordinada subversiva
Cientos de fusiles estarían admirando su cabeza
Como decenas de corvos un cariñito en la garganta

Pero también sabe que nos tiene demasiado ocupados
Como para hacerlo así
Ninguno de nosotros presta atención a todos los gritos de guerra
Que nos parten los oídos
Mientras comemos dormimos o disparamos

Yo me llamo Cardani yo me mato te juro que no aguanto más eso pedir permiso de recibir castigo por nada tener la familia lejos cada vez que me pongo al teléfono solo escucho solo digo llanto solo llevamos tres semanas y esto parece un año ¿te imaginas con este uniforme un año?
Yo no puedo
Mañana nos pasan los corvos
Mañana entro a enfermería

Juan Pablo Pereira
Santiago, 1978

Intenté una vez cegarme a versos,
topo que se arroja a aguas barrosas.
E igual que él, ya libre, inútil
fue ahogarse. Ahora, como
quien cava, escribo:

Manda recoger las llaves de tu cuerpo
otro intenta no forzarlo y muerde cada día su formón
Manda que tus dedos sigan

Tranca no tu odio, tente del cuello.
No respires.
Deja ya ese leño

Toma tu pequeño cuello y dóblalo
no lo tuerzas dóblalo
hasta que se toque no sentir la carne,
y elevada hasta la asfixia.

Para la construcción de un nuevo árbol de pascua

caíste. Era tan fácil.
Te dormiste en la estación que lleva al árbol de la horca

ningún hombre cuelga ahí
pero el que pasa deja ofrenda de hongos, o un puño de azúcar
para herir la tierra

y la tierra abre sus ojos cada tanto,
toma nota
con la regularidad de un pulso en la cabeza: luz,
y luego luz de nuevo

donde cada vértebra quebrada dará vida
a un bulbo nuevo.

Leonardo Videla Muñoz
San Bernardo 1978

ADEMÁS QUE SIEMPRE QUISIMOS que nos pudieras tener sobre el escritorio, pero llegado el momento, suponiendo que nos quedaba mucho tiempo y llenos de fidelidades mal entendidas, declinamos ese privilegio, argumentando que era lícito esperar que la modernidad, vuelta tradición, pudiera fundar otra nostalgia y que según esto no era necesario que alguien

1-coleccionara nuestros papeles,
2-los estirara,
3-los ordenara por autor
4-y los dejara en el primer cajón de tu escritorio,
listos para mañana a las 8,
cuando el sol destelle sobre nuestras fotos.

Insistencias de mi doble

“EL PASADO ES IRREAL”. Y me oculta
las cuentas, me cubre los oídos
y me toma de la mano
para cruzar a la otra vereda.

Sé que me quiere,
y si acumula sus secretos
será para pulirlos, digo yo,
para fomentar un eventual desprendimiento.

“Tú eres el centro”. A estas alturas
hace amplios gestos con sus brazos
mientras despliega mapas y cartas
de arrival-departures.

De esta manera pretende mantener
en alto mi sensibilidad y siempre dispuesta
a los avatares y exigencias
de nuestra feroz condición de hospedados

(“Hoy estuve triste”, y me lo dice
con su qué, para verificar
si aún puedo penetrar en el Misterio).

“Ese no es tu estilo ”. Pero me encanta
cómo este peruano se enoja
patea y llora por un teléfono de Milán
hablando, supongo, en castellano.
Parece
que se va y va de vuelta
o ya está allá. Tan
pero tan cerca.

“Tú no lo dirías de esa forma”.
Y tal vez tiene razón.
Tal vez lo que dije
cuando dije
“la emoción individual”
tenga más que ver con un aserto
sobre la civilización en general.

Siempre me entiende.
Creo que ya dije que me cuida.

Antonio Lumasyan
Hualañé 1949

Es tarde
adiós compañera

Diez y seis de julio de mil novescientos setenta y seis
silencio

El delegado del Rector militar está al frente
tenemos veinte y tres años
miedo

Debo presentarme en la casa Central
tú volverás a la facultad de Música
la Universidad se disuelve

y jamás te dije que te amaba.

El Puente

Desde la pata derecha de tu ojiva
me asomo a Brooklyn
montañas de fierro y vidrios sin parpadear
cubren la telaraña

Camino sobre tu espalda
Nueva York se va en silencio

Entretejido desciende el día
y baja hasta el east river
la luz cae dispersa

La ciudad está a punto de encenderse

Imágenes

Estoy en mi escuela
observando la sala donde aprendí a leer
Veo a mi profesor pasearse con el silabario en su mano
los niños repiten
pa - to pe - rro

Pasan los relegados cabizbajos
el carabinero mira hacia la ventana
Los relegados repiten

Pa - co pe - rro

Suena la campana el profesor se detiene
los niños corren hacia el patio
abre la ventana
los relegados lo saludan
él repite

Pa - to pe - rro

Gabriel Ortiz
Santiago 1972

Problemática

El problema no es
lo rápido o difícil del método

Sí la nostalgia de la critica lactante
De esa que es de adentro
Que para exteriorizarse
necesita un ambiente estéril
o algo así
como la mínima exigencia

La construcción profética de un oficio
tiene su decadencia
al sustentar su origen
y no la fuga
que desencadena el punto

Pervertir el espacio
y así la memoria
Desenvolver ovillos

y tejer
Algo más que la memoria
se escapa de las manos

Algo más que la canción más sabida
entre los amigos más antiguos.

Carta corta para justificar el suicidio de uno de los yo

No es lo mismo que siempre hacen
Es que hacen siempre lo mismo.

Francisco Castro
Santiago 1973

En tierra de nadie somos de carne
las misas no se celebran
todo nace a partir de errores
hasta que empezamos a escribir
drogarnos
dilatar nuestra inocencia en un papel prestado
con mujeres que no existen
que te embroman
que te dicen cosas al oído
En tierra de nadie
quiero usar la mano izquierda
y desprenderme de todas mis obsesiones
rehacer la histeria
invocar nuevos lamentos y partirme en dos
olvidar y no ser parte del índice
quiero ceñirme a mi garganta y no despertar.

Algún día tienen que llegar las sobras del metal ajeno.
Construcción de vida poeta menguante:
la maceración del individuo trae nudos convexos
intentan, profitan, beben en exceso y duermen
punto suspensivo
la caída del Mesías
tajo abierto en un libro
redime a la mayoría en su asesinato
(mudos se hacen los maricones como si en su devenir no hubiera felatio )
pañuelo credo al sol
ni los más hebreos en tu familia pudieron hacer algo
probidad del despechado que no refriega monedas
rasga, huye, deshabita moradas
se sienta en la mesa como cualquier hijo de vecino
y deletrea los dientes
mantengo :
el almirante de la calle no se qué se ha quedado quieto
uno dos y tres
el terno brilla como faro medio abierto en la capital
cojea uno o cojeamos todos dice don Jaime
todo queda guardado
todo ha quedado aquí dentro
menos la cal.

Enrique Winter
Santiago 1982

Este cassette toca su vida

Luego de cinco órdenes de arresto
mi mamá invita a mi papá a la casa,
se pone linda, le cocina rico.
Con tres borgoñas y solos
mi papá me confiesa lo que eso indica: que lo ha hecho bien,
que las piernas que abre se mantienen abiertas.
Lo dice porque le conté del viernes:
cinco años sin verla y me tomó la mano.
Este cassette toca su vida
vida que rozo apenas
si con el dedo rebobino.
Mi papá y yo seguimos solos.

Somos o no somos hermanos

Somos ocho en la pieza.
Tengo catorce años y duermo con mi hermana.
Sus muslos contra el pecho esperan
un portazo. Tirita el vidrio
como dos ojos que resisten algo.
A veces junto mis pestañas y las abro de golpe
para que se descuide nuevamente.

Vanguardia

Los jóvenes poetas. Peligrosos
como artes marciales milenarias
en el gimnasio del burgués.

Marcelo Guajardo Thomas
Santiago 1977

Joseph Merrick
Diario del Hombre Elefante

un ojo me basta

un ojo
y el mundo

Día 1

en mitad de la noche
me abrazo al cuerpo

la dentellada de la tierra
en el ojo del cordero

yo soy el ojo
yo soy el cordero.

Día 7

he construido y reconstruido el templo
que se levanta frente a mi ventana

pienso en los fieles
sus rodillas rebanadas por la fe

la sangre pegada a la tierra
por la devoción y la fiebre

la ceguera no sólo está en mis ojos

Día 15

No soy el siervo
sino el amo

Al ciclo clavado por la piedad de las criaturas

quién, sino un salvaje
recibe la corona y la cruz

Santa Rosa 57
será publicado en el mes de Junio por Alquimia Ediciones.
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