Madres carnívoras
Reseña gore de Carlos Oporto

No hay mejor obra cinematográfica que se revalorice en el tiempo que las que fueron en su momento auténticas basuras. Ese celuloide insufrible, ni siquiera estrenado comercialmente junto a sus hermanos desechables más aventajados en presupuesto. No estoy hablando de películas incomprendidas, ni mucho menos me atrevo a sugerir alguna suerte de vaticinio de tiempos futuros –ahora actuales– en ellas. Son simple y absoluta mugre sin ritmo, escaso presupuesto, paupérrimas actuaciones, y que en el mejor de los casos sólo logran sacarnos una que otra sonrisa producto de sus múltiples defectos.
Es el caso de Flesh Eating Mothers. Realizada en 1989 con el más evidente desánimo independiente, la película se destaca entre sus pares por una serie de motivos que apelan exclusivamente a su profunda naturaleza excéntrica y macabra. A modo de dato curioso, vale destacar que para el 99% de quienes trabajaron, o más bien dicho colaboraron en su realización, esta película significó tanto su ingreso como su retirada del mundo del cine. Se trata así, de un filme amateur en toda regla. Otro punto a considerar es la imposibilidad de clasificarla en un género concreto. Al terminar de verla, la mezcolanza de comedia absurda, drama amoral, crítica social y terror gore te hace cuestionar las verdaderas intenciones del director, que probablemente sólo quiso tomarnos el pelo con una trash movie de segunda mano sin pretensión alguna. Hasta donde sabemos, esta es su única película argumental, ya que ahora es una suerte de restaurador y conservador de arte en Nueva York. Pero lo que realmente hace atractivo y digno de ver este bodrio por una hora y media, es su argumento sin precedentes directos, y a la vez, lleno de guiños a uno de los géneros más manoseados del cine: El Splatter, o cine gore. Sangre y desmembramientos en gratuita función de efectos especiales y un público morboso ferviente por verlos. Flesh Eating Mothers no es morbosa sólo por la cantidad de sangre de muy mala calidad, valga decirlo, sino que va más allá en la truculencia presentándonos uno de los argumentos más escabrosos jamás vistos.
Es una mañana como cualquier otra en un clásico suburbio de los estados unidos. Los maridos trabajan, los menores están en las escuelas y las madres en sus casas, realizando labores domésticas. Por supuesto, el director utiliza el horror burgués como excusa para desencadenar su serie de eventos sanguinarios. Cada dueña de casa vive su propio drama. Se nos presenta a la sumisa mujer golpeada por su cónyuge, a la engañada en sesión continua, a la divorciada que pretende tener 15 años, a la libertina infiel, y la alcohólica rabiosa. En resumidas cuentas, el repertorio completo de clichés sobre los problemas de la clase media una vez que alcanza cierta estabilidad económica. Hasta ese momento, la película es un Desperate Housewives de mal gusto y bastante paupérrimo, con un elenco Fellinesco por no decir tosco, y una más que humilde puesta en escena. Es aquí cuando empieza lo bueno. Todas estas dueñas de casa maltratadas por la vida desconocen es que comparten algo, o más bien dicho a alguien. El marido de una de ellas sale a trotar cada media hora para deslizarse en las casas de las otras mujeres del vecindario y suplir sus carencias afectivas. Es este evento amoral, ya asumido como cotidiano en la individualidad de cada mujer lo que desencadena el castigo impuesto por el director. El amante compartido es poseedor de una rara y nuevísima enfermedad venera que afecta sólo a mujeres y que de un momento a otro les produce un hambre insaciable por todo lo comestible, pero principalmente por la carne humana.
Con esto la película da un giro y convierte a este puñado de mujeres en zombies hambrientos capaces de sacar a sus bebes de las cunas para engullirlos, literalmente hablando, y luego continuar con todo lo que se mueva y respire en el vecindario -sean vecinos, amantes o a sus propias familias-, llegando incluso al punto de partir en dos a un gato vivo para distribuirlo en raciones. A esta altura del filme las tripas de utilería baratas ya surgen efecto, y la película llega a volverse cautivante. Por un lado sus hijos adolescentes que deben asumir el rol de tomar a cada una de sus madres bajo su propia responsabilidad, y por otra a un grupo de mujeres que lograron superar la histeria burguesa gracias a un apetito desaforado en el cual parecen verse realmente felices y libres de hacer lo que quieran.
Como suele pasar con este tipo de películas, es difícil de encontrar sin ayuda de Internet, pero quien no tenga problemas con asumirse un pirata en su propio beneficio, está disponible para bajarse en torrent.
Carlos Oporto
Título original: Flesh Eating Mothers
Género: Terror
País: E.E.U.U.
Año: 1989
Director: James Aviles Martin
Intérpretes: Donatella Hecht, Neal Rosen, Robert Lee Oliver y Valorie Hubbard
Producción: James Aviles Martin y Miljan Peter Ilich
Fotografía: Harry Eisenstein.

