¿Quién es Rodrigo Lira?

Responden: Vidal/ Riedemann/ Figueroa/ Joannon/ Gaete

rodrigo lira

¿Quién (es) Rodrigo Lira?… … …Por otra parte ¿quién fue Rodrigo Lira?, no fue cadete de la Escuela Militar, no fue amigo de Roberto Merino, no fue pupilo del pedagógico, no fue un hombre que sentara cabeza, no fue alma en pena, no fue ánima. Lira, veneró una imagen de la Virgen del Carmen, su familia la tenía al lado de la caja fuerte. Lira fue madera vertical y madero horizontal; su pega consistió en pretender desviar la cruz fuera del camino. No fue goliardo, no hizo de tripas corazón, no fue un caballero en fina estampa. No fue rayado, no fue loco, no fue bardo, no fue suicida. Lira, no es un poeta que haya pertenecido a la historia de los setenta. No fue asiduo al Campus Macul. No desafinó en la aptitud verbal. Lira, no quiso orar conmigo en la sala La Capilla. Lira no fue inocente. Lira, no fue topo autodidacta, no controló los esfínteres, no se masturbó en público, fue a pérdida, se hizo notar en el Instituto Goethe, no hizo nada por subirle los bonos al Cristianismo. No fue Edipo Rey en la Pachamama de Lacan. No fue interno del Open Door. No fue compadre del Dr. Caligari. Puede conjeturarse Lira la hizo corta. No fue muy noble de su parte. Lira cometió mucha falta de ortografía y muchísimas faltas de puntuación. No supo subirse a la micro “Pila Cementerio” o “Matadero Palma”, le echó la culpa a los empedrados o a la que no le dio boleto. Lira: un par de chispazos ingeniosos, puro proyecto, pura declaración jurada, puro boceto. Lira no tiene obra completa, no fue original, no fue capaz de conectarse con la realidad, no fue capaz de aguantar la realidad. Llegó la hora de vejarlo con el escupitajo edificante de la cruda realidad: ¿te ganaste el puchero con los sudores de la frente en alto?, ¿te sigues consintiendo escrupulosamente en la lengua materna?, ¿los ángeles de la guarda fueron aptos para descuartizar a la Medea que te hizo pebre? ¿Sigues tarareando a Lucho Barrios o a Peter Frampton? Lira, no supo reconocer el límite de sus posibilidades. Lira, no se interesó en el límite peligroso de las cosas (browning). Lira no se quitó la vida, no fue Sócrates, no fue Luís Emilio Recabarren, no fue Violeta Parra. No fue Janis Joplin. En el fondo Rodrigo no fue libérrimo free lance, se dejó estar, su aparición en la tele fue una cosa muy dramática y humillante. Lira, no supo ganarle al quien vive a la realidad. Se quedó a medio camino en el comunicado a los pobres diablos. Lira, no fue capaz de guardar la máquina de escribir en los tabernáculos, no supo obedecer la ley de la vida. ¿Quién es Rodrigo Lira? Una de esas personas no hábiles para reaccionar a tiempo y muchísimo lo lamento por él, sus notas estridentes y sus madrigales. Y perdónenme sus acólitos, no lo voy a visitar al sepulcro vacío, me paralogizaría entero si el espectro del imaginario me dijera de sopetón: maldito de la Divina Providencia usted está en lo cierto, no fui furia, no fui chanta, no fui sonido, no fui bañado en sangre: mi volada estuvo mal hecha, no fui nada hacia la izquierda, no fui nada hacia la derecha ¿Seré tal vez perdonado? (Grecia 907, departamento 22, Ñuñoa, Santiago.)

Bruno Vidal.

*
¿QUIÉN ES RODRIGO LIRA?
de lira no puedo decir nada
más que una imagen que no
se ha ido que no se deshace
que permanece abierta
chorreando pánico:
el blanco enlosado de una bañera
la bañera inundada pero no
de agua que ni toda el agua
del mundo es capaz de lavar
la herida quién piensa en rodrigo
sumergido ahogado allí mientras
todo sueño despierta ciego
coronado de espinas dando saltos
en la parrilla cavando fosas
bébanse la sangre delira
el crucificado sepulten el horror.

Guillermo Riedemann.

*

Rodrigo Lira era un poeta; no, no era poeta, era un escribitextos, un escribiente o escribano de textos en época de las catacumbas (toque de queda, años grises de opalas grises sin patente Disparando en la noche a quemarropa, como diría su padrastro Lihn en uno de sus tantos poemas / textos políticos que escribiera). Remarco la barthesiana palabra texto porque al cabro de la calle Grecia (bikinis de la desaparecida piscina Mundt mediante) le encantaba usar palabras que hasta el día de hoy detesta su archi-enemigo (ba)zurita.
Quiéralo o no mi colega de La insidia del sol sobre las cosas, Rodrigo Lira sí era poeta y le achuntó más que varios dentro de este oficio maravillosamente inútil.
Años 90, Ere Ele le sirvió para sacarse el pillo de la Tesis a cientos de miles de flojonazos profesores de Castellano, aspirantes a poetas. Concordábamos esto el otro día con el Camilo Brodsky, mientras bebíamos un tintorro en un restaurante donde nos junto un bretoniano azar.
Parra Lihn Lira. Yo vivo a una cuadra de la calle Lira.
¿Qué es Topología del pobre Topo sino nuestro primer poema neobarroco, neobarroso?
Rodrigo Lira es el primer poeta chileno posmoderno. No sé si esto sea cierto, pues no poseo ningún magíster, pero suena bien.
Rodrigo Lira es a la poesía chilena lo que Leopoldo María Panero es a la poesía española. Tomás Harris estaría más que satisfecho con este comentario, pues según sus propias palabras terceristas, Tomás anda en busca de Lalo cura. Pero como se sabe, Lalocura anda perdido por ahí entre una de las infinitas circunvalaciones de la 2666 de onces.
Años a, niño, plena época del apagón cultural no me perdía Cuánto Vale el Show, pero todavía recuerdo cuando tuve que cambiar de canal moviendo la ruidosa perilla de la tele blanco y negro (zapping le llaman ahora), porque de pronto apareció un semipelado aburrido disfrazado de no sé que cosa. En tan sólo dos minutos, sí, el mismo señores.
Años setenta, sin ayuda del mago ni nada, Rodrigo le jugó una cartilla a la Polla Gol de la poesía: se sacó los 13 puntos, pero la mina del campus oriente ni ninguna otra le llegó. Su yunta Roberto Merino debería haberlo invitado aunque sea a Emiliano Figueroa, para mitigar aunque sea un poco la ausencia de tibieza, digo yo. Tal vez con menos colas de zorro y más putas el vate de la charlatanería todavía estaría entre nos, cincuentón, triste, abandonado y solo, pero con la patética esperanza, aunque fuere, de una platita del Consejo o de la Neruda Fundición. Pero no, 1981, a un año del plebiscito más chanta de nuestra historia republicana (llena de ladrones), el poeta cierra la puerta del baño por dentro. “Ediciones Minga” para unos pocos elegidos. Comienza la leyenda. Los amigos de Germán Carrasco (ediciones UDP) ahora recogen el guante. Cuando el chancho está tirado, bueno, ya se sabe. Hasta los borrachos cesantes son capaces de dedicarle ahora unas líneas en lanzallamas.cl
Todavía me arrepiento haberle vendido en ($)30 lucas el “Proyecto de obras completas” a mi amigo Manuel Rodríguez. Dicen que ahora le hubiera podido sacar demás 100 luquitas. Ah!, ustedes no se imaginan cuánta falta me hace ese libro.

héctor figueroa 20/04/07

*
Supongo que si hubiera conocido a Rodrigo Lira tendría casi las mismas aprensiones para responder quién fue. Fue un poeta, es decir, nadie: ajeno y familiar en todas partes, un perpetuo repartidor de pizzas, una identidad en movimiento sin edad ni clase social, poseedor de una curiosidad infinita y de una infinita flojera, generador de su propio oxígeno, en fin, un espíritu único de ilimitada plasticidad. Lira no fue un escritor –ser un escritor es ser alguien, como lo es un ingeniero o un prestamista.
Anaximandro, el filósofo presocrático, decía que el origen de todas las cosas no correspondía que fuese un elemento como el agua (aserto de Tales de Mileto, su maestro), ya que de esa manera no se podría explicar la existencia de su contrario, el fuego. Anaximandro postuló como origen lo ápeiron, esto es, lo eterno, lo indeterminado, del cual ha de surgir tanto el agua como el fuego, y por ende todos los opuestos. De áperion estaba hecho Rodrigo Lira. Lo mismo se podría decir de Erick Pohlhammer o Roberto Merino o César Soto.
No estoy pensando en la capacidad negativa de la que hablaba John Keats en su carta de 1817, sino más bien en un principio taoísta: el hombre del Tao con la misma sonrisa acepta una invitación al palacio y con la misma sonrisa se va cuando lo echan a patadas.
A todo esto, ¿quién fue Emily Dickinson? Ella, luego de responder con una exclamación, nos devuelve la pregunta. “I am nobody! Who are you? / Are you – nobody – too? / Then there´s a pair of us!”. De manera que somos nadie también. Como Odiseo, el protagonista de la Odisea, frente al temible cíclope.
Supe que Enrique Lihn alguna vez comentó que Juan Emar era un “señor que imaginaba”. Es un juicio duro. Diego Maquieira me ha contado, en cambio, que Pablo Neruda era “una gran ballena que podía estar en el mar abierto o en una pecera”.

Cristóbal Joannon 26.4.2007

*

Estimado David, desconozco si soy una persona “cercana en escritura y
en experiencia a Rodrigo Lira”. En parte me temo que no lo suficiente,
en parte me alegro de no serlo. Para mí Lira ha sido una angustia
descarnada hasta lo ridículo, en diversos momentos me he irritado con
su pena irreversible, la misma que por ejemplo el documental que se
hizo sobre él vuelve casi insoportable. Irónico que su apellido sea
Lira, en un poeta donde lo misticón-comercial y el engolamiento de la
voz son el muro, por decirlo así, contra el que golpea su pelota todo
el día y toda la noche. A la lírica él opone su propia voz pa-la-cagá.
Recuerdo que poco antes de los 30 lo que más quería Rimbaud, según
dice en sus cartas, era independencia económica. En los años de Lira
la sociedad chilena todavía era concentracionaria y la independencia
económica para un escritor, imposible, creo; hoy, concertacionista, es
improbable. En todo caso, la herencia concentracionaria pocos
consiguen rastrearla en los hechos presentes, digo: más allá, desde
luego, de la situación particular de escritor. En este sentido uno de
los poetas más “líricos” que he leído en los últimos años es Héctor
Figueroa. Quizá el más lírico, sin comillas, Raimundo Nenén. Ambos,
sin embargo, llegan a ver amarradas su experiencia más íntima a la
parodia en que la ciudad la desecha o la deshace. Es decir, no puedes
sospechar del poeta lírico (o súperpoeta) si no tuviste en algún
momento la entrega de serlo. Por lo mismo, leo o escucho escritos de
Lira y enseguida escucho al hombre pájaro Lorenzo Aillapán. Lira forma
parte de la tradición de la sonrisa de medio lado. Una mueca difícil
de sacar y más todavía de amar. Y ese humor autodestructivo pero que
también busca exasperadamente una libertad, al menos la de testificar
por uno mismo: una declaración paranoica hiperretórica a pesar de sus
sueños de desnudez o claridad, ese humor devastador forma parte de la
ración. Rodrigo Lira no es un mito, claro, sino un mitoclasta,
partiendo por el mito del poeta. Ya en sus años ése era un viejo punto
de partida. La situación para nosotros no ha cambiado aunque, al menos
en mi caso, el no terminar el viaje como él forma parte sustancial de
una diferencia que, espero, la escritura declarará.

Claudio Gaete.

Pregunta formulada electrónicamente por David Bustos

volver
lanzallamas libros