Sin querer creerlo
A la memoria de Gonzalo Millán.

Como siempre me enteré tarde de la noticia
quise no querer creerlo pero no pude
pues recordaba tu respuesta cuando te pregunté por el nacional
dijiste que estabas seguro que para el 2008 no estarías
yo por miedo preferí cambiar el tema
sabiendo que son los grandes poetas los que no obtienen el nacional
luego carraspeaste pidiendo un cigarro, que no tenía
y te perdiste por las calles caminando con tu mochila al hombro
como yo que ahora camino presuroso por la chimba de tu infancia
rodeado de palomas, perros y mendigos recostados sobre colchones sebosos
quizá sus padres te vieron andar de estudiante gomoso de gomina
colgando de las micros gritoneando sus recorridos
o camino al cine más cercano
para encerrarte frente a la pantalla como lo hacías largas horas
bebiendo cervezas en la soledad gélida de Canadá
dibujando rayas sobre cuadernos ilegibles, engrosando los archivos de Zongalo
fiaste tu poesía esperando iluso el pago de Chile
pero se ha hecho tarde para pagarte
porque sin querer creerlo me dirijo casi corriendo al crematorio
por avenida la paz resuena el triste guitarreo de los evangélicos
el rostro rugoso de una señora me ofrece flores pal difunto
es de mal agüero caminar bajo la sombra a las cinco de la tarde
los parroquianos de un bar quizá beban en el nombre de su hijo ilustre
la basura se apila en las esquinas terrosas de pobreza
le sigo el paso a un cartonero pedaleando apenas con su mercancía
una niña morena con pies descalzos juega con el roído ule de su muñeca
nunca ha sido más triste la sonrisa soleada de la virgen
creo ver en el pórtico del cementerio a un niño quemando insectos con una lupa
dos hermanos en silencio adornan la tumba de su madre o tía
no existirá una tumba donde podramos ir a beber en tu nombre
en este instante y en esta ciudad se han cerrado los poemas
poetas de todas las generaciones se congregan ante tu clausurado y humilde ataúd
leen lejanos y tristes sus poemas favoritos
todos tienen sus ojos cerrados ante la oscura ausencia que los lleva
por eso nada rompe el silencio, nadie puede revivirte en tu poesía
la muerte siempre estuvo llamándote Millán con Mellas
pero ha llegado temprano, para ti siempre hubiera llegado temprano
borrando los senderos tupidos de tu bigote color tabaco
extinguiendo aquel aire que salía entre tus dientes chuecos que ahora no es más que ceniza
no sé que hacían los otros a la hora en que te fuiste
yo a esa hora hablaba con los poetas Bustos y Pinos
en un momento David habló de una ventana
de cómo tú podrías mirar una ventana
centrándote en la imagen de sus bordes con la sequedad de la palabra
y ausentándote de la imagen para capturar al silencio
si algo es cierto es que de aquí en adelante nadie podrá escribir
con la sencillez de un gato que lame su pelaje con un poco de saliva
aunque hace años tú no escribías
vacunabas con el virus de la verborragia, al silencio
en el centro de esa ventana está nuestro dolor por tu prematura ausencia
sin querer creerlo me siento solo como una pepa de limón en el fondo de un vaso vacío
salgo del pintoresco cementerio y camino por la ciudad revuelta hacia ninguna parte
recordando tus tímidos monólogos, las enseñanzas Zen que tanto nos servían
pero ahora no puedo despedirme de ti, Don Gonzalo
de nada sirven estos versos que quieren graficar tu partida
porque la madeja de la palabra ha perdido a su dueño.
15/10/2006.
19:50 P.M.

