“Heredia envejece y es hora de pensar en su retiro…”

Entrevista a Ramón Díaz Eterovic

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En El segundo deseo Heredia se enfrenta a lo que podríamos llamar el “segundo tiempo” de la vida: la vejez; de alguna manera ¿la elección del tema tiene relación con tu cumpleaños número cincuenta?

“No, al menos no conscientemente. Quise tratar el tema de la vejez en un doble sentido. Por un lado, más general, el tema de la vejez en la sociedad chilena, mercantilizada y egoísta, que en muchos aspectos considera al anciano como una mercadería y/o un consumidor más. A partir de eso, quise hablar del desamparo en el que viven muchos viejos. Sin amor, sin comida, sin un lugar digno donde vivir. Los ancianos como objetos de lucro dentro de la implacable sociedad de mercado.
Y por otro lado, quise tratar el tema de Heredia entrando a la vejez y su intento de reencontrarse con sus raíces, específicamente, con su padre. O sea, intenté abordar un aspecto poco conocido de la historia de este personaje que cumplió 21 años a mi lado.”

Esta vez vemos a un Heredia un tanto cansado de su oficio y pensando en su vejez. De hecho, al comienzo de la novela él se ve en una sala común de un hospital. Después de más de veinte años ¿tienes concebido algún plan de retiro para el personaje?

“Heredia envejece y es probable que sea hora de pensar en su retiro, aunque todavía hay una serie de casos pendientes (temas) por resolver, y además, siempre he pensado en escribir una novela con un Heredia septuagenario, viviendo de verdad su última aventura. La verdad es que no tengo nada planificado para Heredia. Sus novelas se me imponen, y por ahora trabajo en la revisión de una próxima novela que se llama Cita con la memoria, cuyo tema es la presencia de la tortura y el dolor en la sociedad chilena.”

Los casos de Heredia, y la esencia misma del personaje, suelen abordar temas, en mi opinión, un tanto ausentes en la actual literatura chilena, la que se escribe, parafraseando a Carlos Droguett, “de espaldas a la realidad nacional…” En tu caso, la elección de temas tan sensibles como la corrupción, la vejez o la tortura, como escritor ¿nacen de una necesidad o de una responsabilidad?

“Los temas que elijo para mis libros nacen de la responsabilidad que le confiero a mi oficio de escritor y también de una suerte de imposición de la realidad. A través de mis textos he procurado ser fiel a la idea sartreana del escritor como un testigo de su época, y en tal sentido, tanto las novelas de Heredia, como muchos de mis cuentos configuran lo que suelo llamar una cronología o una radiografía de la sociedad chilena de los últimos 30 o 35 años. Los temas abordados nacen de un sentido de responsabilidad que tiene que ver con recrear distintos aspectos de nuestra historia y contribuir a la persistencia de la memoria, algo que considero esencial en una situación donde lo que prima es el olvido y la banalización. Me interesa, como lo he dicho en otras ocasiones, que los lectores no sólo se entretengan con la lectura de mis textos, sino que ellos les provoquen alguna reflexión, una mirada distinta, menos complaciente tal vez, de la realidad en la que viven. Eso por un lado, y por otro, creo que la época que me tocó vivir desde mi adolescencia fue tan violenta, dura y oscura, que inevitablemente marcó los contenidos de mi escritura y la de muchos de mis compañeros de generación. En ese sentido podría hablar de imposición de la realidad. Partiendo de la premisa de que el escritor tiene una responsabilidad con su tiempo, era imposible, al menos para mí, escribir “de espaldas a la realidad” y eludir en mi literatura temas como las violaciones a los derechos humanos, los detenidos desaparecidos, los abusos de poder, la corrupción, la pérdida de libertad, los atropellos en todas sus formas que vivimos gran parte de los chilenos a partir del 11 de septiembre de 1973, y cuyos efectos se mantienen hasta los días de hoy. En la voluntad de recrear nuestra historia y develar sus lacras creo no hacer otra cosa que recoger el guante de la importante tradición realista y social que ocupa buena parte de nuestra literatura, que nace con Blest Gana y alcanza un punto alto con los narradores de la Generación del 38. Todo ello a través de la recreación de un género marginal – la novela negra –, prácticamente ausente en nuestra narrativa hasta la aparición, en 1987, de La ciudad está triste, la primera novela de Heredia.”

En una entrevista el escrito Miguel Delibes declaró que tenía el propósito de que Lorenzo, el personaje de Diario de un emigrante, envejeciera con él… ¿sientes lo mismo con Heredia?

“En algún momento, cuando empezaron a aparecer las novelas de Heredia, pensé que debía ser un personaje que envejeciera, lo cual contribuye a la verosimilitud del personaje y también me permite abordar el hecho de que las novelas de Heredia están situadas en épocas de nuestra historia, claramente reconocibles. Aspiro a que Heredia envejezca con su autor, y que su entusiasmo por resolver su último caso, coincida con mi entusiasmo por escribir mi última novela. Mal que mal, como he dicho en alguna de las novelas, entre resolver un crimen y escribir una novela no hay mucha diferencia.
En ambos casos hay una investigación y una búsqueda de algo que se desconoce en un primer momento.”

El apodo del Toro Dantés, ex boxeador y padre de Heredia, ¿Es un guiño a Torito, el cuento de Cortázar?

“No, en absoluto. El mundo del box está lleno de “Toros” y “Toritos”. Lo que si es un homenaje es el apellido Dantés. Un homenaje a Edmundo Dantés, el Conde de Montecristo, personaje de Alejandro Dumas.”

En El segundo deseo uno de los personajes dice que “la memoria no es algo que se cultive en estos tiempos. La idea es vivir el momento y dejar el pasado a merced del polvo”… de alguna manera una afirmación que está presente en todas tus novelas en las que hay una referencia significativa a la ciudad y sus mutaciones, ¿Qué importancia le atribuyes a este elemento – la ciudad – como parte de tus historias, la que ya ha pasado a convertirse en un personaje más de ellas?

“Efectivamente, Santiago, la ciudad, es uno de los personajes de mis novelas y en la mayoría de ellas he procurado incorporar los espacios urbanos al deambular de Heredia. Con eso, por un lado, siento que las historias ganan en verosimilitud y obtengo una mayor cercanía con los lectores que aprecian que las cosas que les cuento ocurren en lugares de la ciudad que ellos conocen o pueden visitar. Y por otra parte, y quizás lo más importante, es que la incorporación de la ciudad es parte de mi deseo de contribuir a la memoria urbana, al rescate de elementos de una urbe que muta a diario, y en la que muchas cosas que fueron parte importante de la ciudad se destruyen y quedan en el olvido. O sea, mi propuesta tiene que ver con el rescate de la ciudad y con el registro de ciertos espacios antes que caigan en manos de la mentada modernidad que todos los días cambia el rostro de Santiago y da la espalda al pasado.”

Por Felipe Reyes F.
Foto: Alexis Díaz.
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