Hospitales

Relato de Alina Reyes
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Hay que esperar, siempre encontrarás heridos peor que tú, funcionarios amables y aquellos “a los que no les pagan por ser simpáticos”. Aquí algunos trucos para entrar el mundo de la salud pública y salir sano.

algo para el dolor, enero 1
8am. La fiesta de año nuevo concluye cuando al dueño de casa le cae un parlante en la cabeza, luego rebota en el dedo gordo de la reportera. Todos están ebrios menos ella. La uña queda colgando. Alguien trae povidona y un parche curita, pero no alcanza a usarlos.

9am Posta 3. Los quejidos se repiten a intervalos a la manera de un coro. Dos jóvenes con los rostros ensangrentados y las camisetas blancas teñidas cuentan que se agarraron a mocha. ¿Por qué? Uno de ellos levanta los hombros. Una mujer grita y dice llorando que su hijo no es drogadicto; el susodicho intenta tranquilizarla. La enfermera la regaña, que así no ayuda en nada, que el hijo cometió un error, pero que ahora necesita su apoyo. La chica del dedo pide algo para el dolor. No pueden darle nada antes que sea atendida. ¿Y para eso falta mucho? La respuesta es una encogida de hombros. Otra de las enfermeras bromea sobre lo que habrán estado haciendo los chicos de la pelea y el hombre asaltado, seguro no andaban tomando nada, dice. Da lo mismo -exige en voz alta la reportera-, aquí tienen que atendernos a todos aunque hayan tomado lo que sea. Silencio.

buenos para los chistes
Sólo cuando la ven llorar ordenan su ingreso a una gran sala plagada de camillas rojas. Se respira olor a sangre mezclado con agua oxigenada. Diagnostican fractura expuesta. Suero. La enfermera que la hizo caminar hasta ahí se enoja cuando se lo recuerda.

-Shhh, mejor no la hubiéramos atendido.
-Eso no tiene gracia, -interrumpe la reportera. La mujer sale indignada. Al poco rato vuelve para atender al hombre acuchillado. Tiene el ombligo afuera y heridas múltiples. Le robaron los zapatos y la billetera; los pantalones se los dejaron amarrados con una corbata.

-Le cambio el herido, jajaja -bromea el enfermero.
-No, mejor que no, -responde uno de los doctores.

En la camilla se ha dibujado un pequeño charco, las radiografías también están teñidas de rojo. El joven al que le cosen la cabeza abre la cortinita para que ella mire y así se sienta menos desafortunada. Ánimo amigo, ánimo -lo alienta. Luego cuando le limpian la herida él le da la mano para aliviarla. Antes de salir a otro centro asistencial aún queda un obstáculo por sortear. A la acompañante la saluda el policía de la puerta.

-Señorita, ¿y usted tomó?
-Shhh -responde-, ¿no sabe que es 1 de enero?

En la ambulancia el copiloto mira con suspicacia la botella de Coca-Cola. Confiesa que bebería algo, pero “con malicia”.

12am Instituto Traumatológico. Siguiendo el consejo del conductor da otra dirección al pasar el carnet de Fonasa nivel A ¿Indigente? La aludida mueve la cabeza de arriba abajo sintiéndose humillada. Al poco rato la llevan otra vez a un gran pabellón. Anestesia. El doctor cose el dedo. Recomendaciones: no apoyar el pie en 5 días. Las otras instrucciones se las darán en el Borja Arriarán -asegura el enfermero. Ingenuamente ella confía.

itinerancia teatral, enero 3
10 am CDT San Borja Arriarán.
-Sólo puede anotarse en la lista de espera para fines del mes siguiente -dice la jefe de enfermeras.
-Pero es urgente, me enviaron desde el traumatológico, se puede infectar, -discute la afectada señalando la venda teñida de rojo en su dedo gordo del pie.
-Siempre es así, ellos mandan a la gente, pero aquí no tenemos traumatólogo. Vuelva allá, ellos tienen que hacerse responsables.

11:30 Instituto Traumatológico.
-No, mi niña -responde el jefe de enfermeros-, aquí ya le trataron su urgencia, pero este lugar no le corresponde por su domicilio. Así es la burocracia, mi niña, mejor vaya al Salvador.

12:30 am Hospital Salvador, urgencias. A través de la puerta entreabierta se distingue a un hombre en la camilla sujeto por cuatro enfermeros, grita algo ininteligible. En la sala de espera una mujer golpea la ventanilla:

-Señorita, por favor ¡quiero internarme para dejar de chupar!

Algunos se miran sonrientes. La tipa enseña su nariz quebrada, ese desgraciado me la quebró, grita, pero eso me pasa por andar con el patas negras. Otro hombre la sostiene y le dice con la voz un poco menos desarticulada que deje de hacer cuática.

La reportera es llevada en la única silla de ruedas a la habitación en que atiende el traumatólogo de apellido Hinojosa. “Tiene que doler”, advierte, antes que el enfermero arranque la venda de un tirón y la herida vuelva a sangrar. Al consultarle cuándo podrá caminar Hinojosa dice que cuando vea a un médico lo sabrá y procede a ofrecer el teléfono de su consulta privada. Antes de 72 horas “debe” ver un traumatólogo, insiste el facultativo.

sonreír no cuesta nada, enero 6
12am Consultorio Centro Altar, Las Condes.
-No me extraña que el médico de El Salvador ofreciera el teléfono de su consulta -dice la doctora Sánchez con aire misterioso. Mira la radiografía y corre a mostrársela a una colega. Esto no se ve frecuentemente, es como si te hubieran pegado un hachazo en el dedo, explica. Receta curaciones cada dos o tres días. La atención es buena.

-Para eso nos pagan -dice la doctora-, poco, pero nos pagan -se despide sonriendo.

tablero de ajedrez, enero 19
8am Traumatología, Hospital Salvador. Hay que caminar varios metros con muletas entre los cuadrados de baldosas blancas y negras antes de encontrar a las hermanas de la caridad, pasar el carné a cambio de una silla de ruedas, pedirle a cualquiera que la empuje por los viejos pasadizos hasta llegar al Purgatorio. Gran cantidad de personas enyesadas de pies o brazos esperan por horas. Una mujer relata que su anciana madre se fracturó el día de navidad, pero como no había capacidad en los hospitales debió llevarla a la Clínica Santa María. Adivine cuánto por consulta, radiografías y yeso plástico: ¡94 lucas! La chica del dedo respira profundo, el pulso se le acelera, acaba de reconocer al doctor que en ese momento llama a un paciente.

-Él no quería atenderme la otra vez por el gorro -dice el chico con pinta de rapero sentado a su lado señalándose la cabeza-; le respondí que venía por el brazo no por la cabeza. ¡Y más encima yo estoy pagando!
-Es un pesado -interviene, otra señora- a mí me dijo que debería trabajar de asesora del hogar.

Hinojosa la atiende un poco mejor cuando le recuerda que es la segunda vez que se ven. Receta yeso con taco.
-¿Cuándo podré caminar?
-Ahí dice -responde señalando un papel.
-¿Tengo que venir de nuevo? ¿Necesito kinesiología?
-No, se saca el yeso y no venga más.

No hay tiempo para preguntar por qué yeso hasta la rodilla si la fractura fue sólo en el dedo. Otra paciente desnuda su torso frente al doctor.

el enyesador
-Debe ponerle una gomita al taco -recomienda el tipo que extiende el yeso blanco sobre su pierna izquierda, y luego con sonrisa maliciosa-, dígale a su esposo que le consiga una.
-¿Qué gomita?
-No sé, pregúntele a su esposo.
-Oiga, yo no vine para que me agarren pa´l weveo ¿De qué clase de goma está hablando?
-Ahhh, yo no sé, y ni siquiera le debería dar esa información.
-Claro, ¿porque no le pagan por ser simpático, verdad?
-No -responde el tipo antes de expulsarla de la sala.

De alta, febrero 6
9.30am Hospital Salvador. En un dos por tres quitan el yeso descubriendo la pierna enflaquecida y sin músculos. La paciente siente mareos y que el piso se mueve, vuelve a tomar las muletas.

-¿Tan rápido?, parece que estuviéramos en otro lugar -dice el acompañante que había ido a estacionar el vehículo, y agrega:- Vi un muerto -
-Yo también
-Vi una bolsa de sangre botada en el piso y otra de suero.
-Qué asco.

A los pocos días el dedo está hinchado y deforme como el rostro de Frankestein, además de chueco. No hay salú, repite en voz alta lejos del antiguo palacio que se cae a pedazos y que llaman hospital.

Alina Reyes

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