Letras eternas

Si se recorren los alrededores de los Cementerios General o Católico en Santiago, se pueden encontrar una cantidad importante de marmolerías, recintos donde artesanos del tallado de la piedra esculpen lápidas para las tumbas, dándole dimensiones y formas precisas a las piedras (muchas veces mármol), donde serán inscritos los datos del difunto.
Hace más de 60 años, en una casa cercana del Cementerio Católico, justo al lado de una marmolería, nació Don Carlos Luengo, un artesano responsable del tallado de muchas lápidas y de un buen número de inscripciones aplicadas en estatuas y edificios de Santiago. Desde joven, Don Carlos fue adiestrado en el oficio por el inmigrante griego Aristóteles Arabalopulus, propietario de la marmolería Atenas. Hoy, trabaja junto a su hijo y ya ha comenzado la instrucción de su nieto, asegurándose de que los secretos del oficio permanezcan en el tiempo sucediendo generaciones.
Los talladores tienen la capacidad de tallar sobre las piedras diferentes tipos de letras, de acuerdo a la sensibilidad de los que encargan el trabajo. Cada tipo de inscripción posee un nombre de fantasía: normales, góticas, manuscritas, cuadradas, redondas, helvéticas, o perfiladas, de los cuales los deudos eligen el más apropiado.
Así todavía, bajo nuestras modernas narices, un puñado de artesanos repite un oficio que conoció su esplendor en la Roma Imperial, siglos de siglos atrás, cuando los constructores de templos y palacios inscribieron en ellos palabras pensadas para durar por siempre. Letras sobre la muerte, esculpidas para toda la vida.
Texto y fotos Luis “tono” Rojas, Diseñador y Tipógrafo.

En esta piedra pude verse un ejemplo de los ditintos tipos de letra “ofrecidos” por los talladores. El nivel de complejidad influye directamente sobre el precio del trabajo, siendo los modelos “gótica”, “relieve” y “manuscrita“ los más caros.

Don Carlos en pleno proceso de tallado de nombres sobre una placa de mármol.

Miguel Flores es un tallador con 18 años de experiencia. A pesar de ser hijo de un antiguo tallador, su oficio lo aprendió al interior de los talleres de las marmolerías, bajo la enseñanzas de Don Víctor Miller.

Doña Marta es una mujer talladora. Aprendió gracias a su padre y ella le enseño a su hijo, con quien trabaja actualmente en la “Marmolería Católica”, al costado del Cementerio General.

