Grabando directamente del desierto de Atacama

Entrevista a Carlos Droguett, Santiago de Chile, 05/07/75

droguett

El audio me lo alcanzó Elisa Castillo, una compañera de universidad, cuando supo que estaba trabajando mi tesis de grado sobre su novela Eloy. A ella se lo había pasado la prima hermana de Ignacio Ossa. Éste último un muy buen amigo de Droguett, poeta y académico de la Universidad Católica, encargado por el MIR de protegerlo. Droguett consigue dejar el país junto a su familia a comienzos de septiembre de 1975. Un mes más tarde Ossa sería secuestrado y muerto por la DINA. Testimonios de cercanos saben que éste fue torturado y se le vio vomitando sangre en Villa Grimaldi. Un oficio militar, en cambio, señala que el detenido se habría arrojado a las ruedas de una camioneta policial, aunque no existen registros de accidentes ese día en Av. España.
Hasta ahora, desde aquella tarde del 05 de julio del mismo año, esta entrevista no había sido editada ni publicada en ningún medio. Ahí les va un fragmento de las dos largas horas de conversación. Un hermoso brillante, en medio del pantano
infernal.

Oir grabación:

Carlos Droguett (1912-1996) fue escritor y periodista. Autor de Sesenta muertos en la escalera, Patas de perro, El compadre, Eloy, Matar a los viejos. Reconocido polemista, autor amargo, comprometido y escéptico. Admirador de Allende, el Che y de Cristo. Muere por una embolia pulmonar en 1996, después de veinte años de exilio en Suiza.

Entrevistador: Estamos grabando directamente del desierto de Atacama, y vamos a entrevistar a un grupo de camellos, que visita la zona como intercambio cultural entre Sudamérica y el Medio Oriente.Entrevista a Carlos Droguett.
Hemos leído alguna de sus novelas, de sus entrevistas y comentarios. Usted habla de la muerte violenta, de la miseria e injusticia que sufre el pueblo. Desde siempre, desde la Conquista hasta ahora. Su obra es un testimonio de verdad histórica, de Chile y de América, y en este período, a partir del 11 de septiembre, esas muertes violentas, esas miserias e injusticias, han alcanzado niveles masivos. Hay más sangre derramada, más viudas, huérfanos, más desnutrición, más cesantía, a cambio de represión y superexplotación. Quiero decir que sus personajes, ahora, son más perseguidos y masacrados por las fuerzas armadas, por los cuatro generales del crimen institucionalizado. Quiero decir, señor Droguett, que usted ha sido consecuente con sus personajes, y usted ha seguido la tendencia de sus personajes y que usted no guardará silencio. Por esto hemos llegado hasta aquí, un 05 de julio de 1975, en la tarde soleada, luego de un temporal que llovió más miseria sobre los pobres de Chile. Vamos a conversar, entonces, de literatura y política…

Carlos Droguett: (Sonríe irónico, por el énfasis de la afirmación)

E: Usted ha demostrado sinceridad, en el gesto y en la palabra, cuando respondía en una entrevista que sólo hay literatura comprometida. Agregaba: “Para mí la literatura es un acto total, que interesa el cuerpo y el espíritu del escritor”. ¿Cuál es su denuncia, como escritor, ante los crímenes de la junta?

C.D: Buenas tardes, señor “Llanero Solitario”, quiero referirme a su prolongada pregunta, muy matizada, muy elaborada, muy densa, muy desordenada, y muy poco clara. En primer lugar, usted me dice: “Hemos leído algunos libros suyos”… No me dice qué libros ha leído. Tengo la impresión de que usted es profesor de literatura, candidato a catedrático de sicología de alguna universidad norteamericana. Me dice que ha leído algunos comentarios míos. Yo he pasado toda mi vida haciendo comentarios, creo que lo que he escrito en forma de novela, no son sino comentarios… ¿No sé a qué comentarios se refiere? No sé a qué comentarios se refiere, si a comentarios en diarios, en revistas, en diarios de derecha, de ultraderecha e izquierda… Porque en todos en alguna época, yo era buscado. Si se trata de comentarios en la televisión, en la radio, en foros, en las universidades de Chile, o de fuera de Chile. En ese sentido quedo un poco al margen y, a lo mejor, quedo más autorizado para hablar en general, ya que su pregunta muy vasta, con B de burro, y con V de vaca, me autoriza para ser bastante explícito si puedo. ¿No tengo un límite para contestar la pregunta, señor Llanero Solitario?

E: No.

C.D: Pues, bien. Usted por lo demás, después de lo que ha dicho sobre mis novelas, que no cita y mis comentarios que no sitúa, ha querido hacer un elogio de mi actitud como escritor. Yo le agradezco su intención, pero quiero decirle lo siguiente: Siempre he pensado que se es una cosa, y no dos cosas en este mundo. No sé si lo hemos conversado otras veces con usted, o con otro Llanero, tan solitario como usted, o menos solitario, pero yo siempre he pensado que, el ser escritor, en mi caso, y el ser hombre, son cosas que no son separables en este mundo, ni en otro mundo, son en términos médicos, inoperables. Se es escritor en cuanto hombre y se es hombre en cuanto escritor. Ese es mi punto de vista, y ese era mi punto de vista cuando yo era mucho más ignorante que ahora, y muchísimo más joven que ahora. Recuerdo desde mi época de estudiante de humanidades y aún de mi época de infancia, que yo me enfrentaba al mundo, sin darme cuenta por supuesto, y ahora intuyo que era así, como un probable tema, como un tema que me era obligatorio tratar o recoger, y por supuesto hacer lo posible por expresarlo con autenticidad, con veracidad, sin mentiras. No sé si usted se acaba de referir en su larga pregunta, y si no lo recuerdo, está bueno que ya se vaya diciendo, que yo siempre he pesando que toda novela, por ejemplo, es realista, que sólo existe la literatura realista, es decir, la literatura extraída de la vida, la literatura que es expresión de la vida y que no es fuga de la vida. Que no es una tergiversación de la felicidad, de la desgracia, la alegría, de la aventura, de la desventura. En ese sentido, tal vez usted tenga razón, al decir que en mis novelas mis personajes aparecen como seres golpeados por el destino, o por los hombres que manejan este destino, por la naturaleza o por los hombres que se aprovechan de la naturaleza… En este momento acabo con frase que trató de ser un poco elegante y que sólo ha resultado siútica, he tratado de mencionar el imperialismo. Pero le recuerdo, por ejemplo, cuando a mí me ha interesado escribir la vida de un obrero, yo he escrito la vida de un obrero, no idealizado, sino de un auténtico obrero. Le pongo el acaso, real y verídico, un librito mío que se llama El compadre, que es nomás que la versión mía de una historia que me contó un médico, que en aquella época atendía un consultorio del Seguro de Servicio Social que funcionaba, y funciona todavía creo, en Copiapó con Lord Cochrane o con Nataniel o que ocupa toda la cuadra. Entonces ahí, lo que yo quería decirle, es que yo he reflejado o he pretendido reflejar, si no lo he logrado es otro problema, es problema mío, y de los historiadores de la literatura y de los verdaderos escritores chilenos. Si no lo he logrado es otro problema. Pero siempre pretendí, pretendí en mi juventud, en mi edad madura, ahora en mi crepúsculo de escritor – estoy bastante elegante por lo demás, si usted se da cuenta – estoy tratando de reflejar lo que hemos vivido, lo que no alcanzamos a vivir y lo que probablemente vivamos si nosotros logramos formar nuestra vida. Usted me ha preguntado sobre la situación que vivimos en estos momentos en nuestro país. El hecho de estar vivo, a mi modo de ver, ya es una cobardía. Yo creo que los que estamos aquí en Chile, de alguna manera estamos colaborando con esta cuadrilla de asesinos que inauguro, el glorioso para ellos, día 11 de setiembre de 1973. En ese sentido yo me siento humillado de estar actualmente en Chile, pero al mismo tiempo me siento feliz y regocijado de haber permanecido en Chile. ¿Por qué?, porque eso me ha obligado a seguir siendo testigo de mi pueblo y de mi época. Es ir tal vez, por cosas no controladas por el destino, ni menos por mí, yo he tenido la obligación de mantener los ojos abiertos, los oídos abiertos, día y noche, durante, creo que diecisiete terribles meses de este infierno disimulado y camuflado que vivimos desde el martes 11 de setiembre de 1973, en que mi hijo mayor cumplía año, desgraciadamente. Desgraciadamente le digo, porque es una fecha, no olvidada por nosotros, no sólo por mí, sino por toda mi familia. En ese sentido le digo, que para mí, fuera de los crímenes, de las violaciones de las mujeres, de los fusilamientos de los niños menores de catorce años, de las torturas a que han sido sometidos obreros, estudiantes, profesionales, médicos, abogados, periodistas, escritores, músicos, pintores y tanta gente anónima… y estos personajes, a mí modo de ver, como escritor son, fuera del infierno que estamos viviendo, es una novela o dos novelas o diez novelas o veinte obras de teatro o trescientos poemas que hay que escribir, no creo que yo los escriba, pero que las generaciones de hombres escritores – escribo entre los hombres escritores, a las mujeres artistas, también por supuesto – tendrán que recoger esta herencia que nos están dejando los asesinos de mi país, actualmente en el poder. Si algo no le he contestado, usted me puede recordar algo que nos ha quedado en el tintero…

E: Seguiremos conversando. No es qué…

C.D: ¿O no te gusto el planteamiento?, tú dímelo…, es lo lógico…

Edición: Roberto Contreras
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